HOY se conmemora a San Cayetano, ahora más necesario que nunca en su interseción para lograr trabajo

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Lamentablemente este año seguramente tendrá un récord de pedidos de trabajo por lo que ya anuncian los diarios de Capital. El santo del Pan y el Trabajo (foto) fue conde de Thierne, cura y abogado. Nació en Vicenza, Italia, en el año 1480. En la Argentina tiene tantos devotos como la Virgen de Luján, la patrona del país.-

 

Incluso es el Santo más seguido, más que San Jusn Bosco y San Antonio de Padua los más reverenciados en el mundo. En nuestra ciudad sus fieles devotos se reúnen en la Capilla salesiana puesta bajo su advocación en Barrio El Frutillar.-

Este 7 de Agosto la comunidad católica celebrará a su santo del Pan y el Trabajo, Cayetano, conde de Thiene, cura y abogado, benefactor de los pobres, protector de los enfermos y dispensador de paz, nacido en Vicenza, Italia, en 1480.

En la Argentina, Cayetano reúne casi tantos devotos como la Virgen de Luján, patrona del país: cientos de miles de promesantes esperan a la intemperie, en pleno invierno, poder acceder el 7 de agosto a su santuario y pedir o agradecer su gracia. En menor medida la escena se repite los 7 de cada mes, en memoria del día de su muerte, acaecida el 7 de agosto de 1547.

Su templo se encuentra en Liniers, en terrenos que María Mercedes Córdova donó en 1830 a las Hermanas del Divino Salvador. Nuestros anteriores Obispos Ruben Frassia y Fernando Maletti fueron rectores del mismo antes de hacerse cargo y ser nombrados titulares de la Diócesis.-

Se cuenta que la beata María Antonia de la Paz y Figueroa, fundadora de esa congregación en Córdoba, llegó a pie a la Capital Federal para iniciar en Liniers su labor religiosa, que entre sus obras incluyó la construcción de una capilla dedicada a san Cayetano como segundo patrono. 

En 1875 otra más amplia la reemplazó, y en 1900, una tercera, que dio origen a la actual parroquia, porque a la cada vez más grande felifresía local se sumaban los fieles que traía el flamante tren del oeste desde otros lugares.

El nuevo templo, situado sobre la calle Cuzco, tenía un san Cayetano sin el niño Jesús en sus brazos, pero más tarde fue reemplazado por otro, que sí lo tenía. En 1913 se lo declaró Parroquia de San Cayetano y en 1937 se lo volvió a ampliar.

De estirpe nobiliaria y con fuertes dotes intelectuales, Gaetano de Thiene -tal su nombre- estudió filosofía y teología, se doctoró en Derecho Civil y Eclesiástico, se ordenó sacerdote y donó sus bienes a la Congregación de los Teatinos.

"Pasó su vida haciendo el bien", dicen sus biógrafos; combatió la pobreza, la injusticia y la corrupción; fundó un banco para los pobres; levantó hospitales para enfermos incurables y ayudó a restablecer la paz entre Roma y Venecia, y luego entre España y Nápoles.

Su lema fue: " Nada para sí, todo para el prójimo".  El 12 de abril de 1671 el Papa lo santificó junto con Rosa de Lima y Luis Beltrán -ambos difusores del Evangelio en Latinoamérica- Francisco de Borja y Felipe Benicio.

Su condición de patrono del Pan y el Trabajo emergió a posteriori, a consecuencia de la crisis mundial de 1929, que aquí desembocó en la revolución del '30 y se prolongó hasta el '40. Pobreza, inflación y desocupación, fueron el signo de la época.-

Frente a este panorama, el padre Domingo Falgioni, a cargo del templo entre 1928 y 1938, se propuso reavivar la fe y la esperanza en Dios, mediante la intercesión de san Cayetano: realizó una campaña evangelizadora a través del diario católico El Pueblo e imprimió por primera vez la estampa del santo con espigas.

La devoción creció de manera inusitada y pronto proliferaron casas y negocios en torno a la parroquia, dando forma al barrio de Liniers, que bien podría haberse llamado San Cayetano.

Los 7 de cada mes, trabajadores y artistas concurrían a la parroquia a darle las gracias al santo; el violinista Pedro Napolitano, concertino de la orquesta del Teatro Colón, cumplía cada 7 de agosto en acompañar con el violín la misa de once.

Pero, ¿conoció sor María de la Paz y Figueroa la obra del santo, entonces ignorada en América? ¿Por qué lo eligió patrono? Posiblemente, fueron los misioneros jesuitas españoles quienes le hablaron de aquel noble que abrazó la causa de los pobres y que tuvo dos veces una destacada actuación diplomática en la guerra.

La primera vez, siendo conde, fue nombrado por el Papa Julio II en un importante puesto en la Cancillería de los Estados Pontificios, desde donde logró evitar la guerra entre Venecia y Roma. Ganó con esto enorme prestigio, pero lo abandonó todo: " Uniré mi propia vida a la Cruz de Cristo. Seré sacerdote", dijo.

La segunda vez, fue en 1547, cuando el pueblo de Nápoles se rebeló contra el virrey español y la gente se enfrentó a las tropas de Carlos V en las calles y las plazas. El cura Cayetano, que había rogado un acuerdo, enfermó gravemente y, sin dejar de rezar, murió a las cinco de la tarde del 7 de agosto de 1547. Pero esa misma noche, sorpresivamente, los embajadores del emperador acordaron una paz justa, milagro que el pueblo de Nápoles le atribuyó a Cayetano.

Decíamos que Cayetano nació en Vicenza en 1480, en una casa ubicada sobre la actual calle San Marcos 667, en el seno de una familia de notables. Su padre, el conde Gaspar de Thiene era general de los ejércitos venecianos y su madre María Porto, una dama ejemplar que puso un celo especial en el cuidado de sus tres hijos. Cuando Cayetano tenía dos años, el conde de Thiene marchó a la guerra pereciendo en combate en el reino de Nápoles.

Infancia piadosa

Cuando Cayetano nació, su madre lo consagró a la Santísima Virgen María, hecho que habría de marcarlo para el resto de su vida. Desde muy pequeño, su amor por Nuestro Señor Jesucristo lo llevó a amar a la Iglesia y el sacerdocio.

Uno de sus pasatiempos principales era ir a rezar y al regresar de misa, armar pequeños altares para repetir en ellos el sagrado ritual de la consagración.

Así fue que creció, devoto y piadoso, apreciado por su bondad y caridad. Y fueron esas cualidades las que lo llevaron a edificar la iglesia de Rampazzo, pequeña población cercana a Vicenza, que sostuvo con la herencia de su progenitor.

Funcionario papal y sacerdote

En 1504, Cayetano viajó a Padua para estudiar en su célebre universidad, Teología, Derecho Civil y Derecho Canónico. Obtenidos sus doctorados, se trasladó a Roma donde el Papa Julio II manifestó su deseo de conocerlo.  Presa de viva emoción, Cayetano se presentó ante el Pontífice y fue tal la buena impresión que causó que aquel lo designó protonotario apostólico y secretario privado, hecho que lo obligó a vivir el Vaticano.

Poco después, experimentó en su interior la necesidad de abrazar el sacerdocio y llevar adelante una vida austera y santa. Fue así que en 1526 recibió las sagradas órdenes e inició su ministerio visitando enfermos, dementes y apestados, socorriendo a los menesterosos que pululaban por las calles y asistiendo a los hospitales.

Abogado de los humildes

Muerto Julio II, su protector, Cayetano regresó a su ciudad, donde asistó a los indigentes de la misma manera que lo había hecho en la Ciudad Eterna. Viajó luego a Venecia para alojarse en un hospital donde su labor con los enfermos fue agotadora.

En vista de ello, el director espiritual del nosocomio, un religioso de la orden de los Predicadores, le aconsejó regresar a Roma por considerar que se trataba de un campo ideal para el tipo de apostolado que estaba llevando.

Nueva congregación

De regreso en la Ciudad Eterna, el piadoso joven decidió constituir una orden de clérigos regulares con la idea de combatir la degradación y el relajo que estaba padeciendo gran parte de la grey católica. Por esa razón, tomó contacto con Gian Pietro Carafa, obispo de Chieri y futuro Papa Paulo IV, quien se entusiasmó tanto con la iniciativa y con el buen nombre del que gozaba su interlocutor que se unió a él, poniendo a su disposición toda su autoridad.

El 24 de junio de 1524 nacen con la aprobación papal los Clérigos Regulares Teantinos a quienes se unen desde el primer momento el caballero Bonifacio de Colle, notable de Milán y Pablo Couliglieri, de la noble familia de los Gisleri.

El obispo Carafa fue elegido primer superior, reteniendo el cargo de obispo por expresa disposición del Santo Padre. El petitorio de aprobación elevado a consideración del Pontífice decía, en uno de sus apartados: “Queremos ser pobres, no poseeremos rentas, ni tierras, ni beneficios eclesiásticos. Tendremos prohibido pedir limosnas o participar en negocios. Viviremos del Altar y del Evangelio. Solo aceptaremos las donaciones espontáneas del pueblo.

Si falta comida nos alimentaremos de pan mientras tengamos. No poseeremos nada, no seremos dueños de nada. Confiaremos totalmente en Dios y en su providencia. La riqueza no le da al Clero ni paz, ni libertad para el apostolado. Vestiremos como los sacerdotes de las zonas donde vivamos, nuestro traje será simple...no viviremos ni en conventos ni en monasterios...

Nos dedicaremos al estudio de la Biblia, a la liturgia, a ayudar a los presos, a los pobres y a los enfermos...Tendremos en cada grupo un sacerdote superior...dependeremos directamente del Papa. Nuestro ideal será seguir el ejemplo de los primeros apóstoles, es decir, vivir de acuerdo a la palabra de Cristo”.

El saqueo de Roma

Aprobada la orden, los religiosos juraron en la Basílica de San Pedro y a poco la fama de sus virtudes hizo aumentar el número de aspirantes obligando a buscar un lugar espacioso donde poder alojarse. Les fue concedida una amplia casa en el monte Pincio, desde donde comenzaron a irradiar su apostolado, siempre socorriendo a los menesterosos, los enfermos y los desposeídos.

Sin embargo, sobrevinieron tiempos de guerra y zozobra cuando el 6 de mayo de 1527 el ejército español, reforzado por tropas alemanas e italianas, se lanzó en número aproximado de 40.000 efectivos sobre la antigua capital del mundo, asesinando, saqueando y arrasando todo a su paso. Fueron tres días de terror en los que pereció mucha gente y se cometieron todo tipo de desmanes, incluido el robo de obras de arte en el Vaticano.

Durante el saqueo, Cayetano y los suyos , que no superaban el número de doce, fueron apresados, conducidos a prisión y flagelados. Sus captores pidieron rescate por ellos pero al comprobar que se trataba de una orden con votos de pobreza, los liberaron.

Primer milagro

Sin bienes ni protección de ninguna índole, los religiosos se alejaron de Roma en dirección a Venecia y allí aguardaron hasta 1530, cuando el superiorato de Carafa finalizó, siendo sucedido por el mismo Cayetano. Su labor durante la epidemia que asoló la Serenísima fue encomiable. Cuando Carafa asumió por segunda vez, envió al fundador primero a Verona y luego a Nápoles, donde se registró su primer milagro. Una vez allí, se acercó hasta él el conde Oppido para obsequiarle una casa donde su orden pudiese morar pero el futuro santo se negó a aceptarla.

Ocurrió entonces que una noche, visitando un hospital de la ciudad, llegó hasta la cama de una enferma de gangrena a la que estaban a punto de amputarle una pierna. Al verlo, la joven le rogó que rezase por ella pero Cayetano, alzando la mano le dijo suavemente que se aprestase a sufrir dolores porque le iba a quitar las vendas. Así lo hizo y una vez frente a la herida, la besó, trazó sobre ella la señal de la cruz y volvió a cubrirla. Cuando al día siguiente los médicos procedieron a operar comprobaron, con vivo asombro, que la muchacha estaba completamente curada.

Nuevos prodigios

En esos años Cayetano inauguró una casa para alejar a las prostitutas de las calles y devolverlas a una vida honesta y poco después dio forma a los bancos populares o Montes Píos, aprobados por el Papa poco antes del Concilio de Letrán. En sus ratos libres, se dedicó a visitar a los enfermos, en especial los más pobres y repugnantes.

Un día, los religiosos de la orden no tenían que comer por haber dado todo a los menesterosos. Cayetano, que se hallaba orando en el altar, se acercó al sagrario y dando unos golpes en la puerta dijo: “Jesús amado, te recuerdo que hoy no hay nada para comer”. Minutos después, llegaron unas mulas con gran cantidad de provisiones.

Hacia el reino celestial

En 1547 Cayetano cayó gravemente enfermo, por lo que el médico que lo atendía ordenó colocarlo sobre un colchón de lana. “Mi Salvador murió sobre una tosca cruz -exclamó- Permítanme a mí, que soy un pobre pecador, morir sobre unas tablas”. Y así aconteció. El 7 de agosto de 1545 falleció a los 66 años de edad, extenuado por el trabajo y la fatiga.

Su cuerpo fue enterrado en la iglesia de San Pablo de Nápoles y casi enseguida, comenzaron a obrarse milagros por su intercesión por lo que en 1629 fue beatificado y en 1671 canonizado.

Hoy se lo evoca como Santo Patrono del Trabajo y abogado de los más humildes. Humorísticamente, se lo señala como el único abogado, el único de su profesión existente en el cielo.-

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