Dia de la Diversidad Cultural e historia y mitos de la colonización de America

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En esta fecha tan particular, nos pareció oportuno reiterar esta publicacion de Junio del 2014, para enmarcarla debidamente. Conocer e interpretar cierto período histórico presenta sus dificultades por lo compleja que es toda realidad y porque, esa debilidad, engendra mitos que a la vez contribuyen a oscurecer los hechos ocurridos.


 El "descubrimiento de América" en 1492 y todo el proceso de colonización posterior es, probablemente, uno de los temas de la historia general de la humanidad que más mitos arrastra.-

 

Por lo tanto no solamente el debate histórico al respecto propiamente dicho no está clausurado, sino que todavía tiene fuertes implicancias en muchos de los debates ideológico-políticos e incluso filosóficos del presente. Lo que más se ha discutido acaloradamente es si la colonización española de América fue más o menos inhumana, de lo que se desprendería el carácter progresivo o reaccionario de la empresa.

Pero, de este modo, no se disipará nada de una realidad que enfrentó razas y culturas; un estadio más avanzado de la civilización, el europeo, con otro, el americano, cuyas sociedades indígenas más avanzadas se encontraban en el estadio medio de la barbarie (1).

No cabe duda que la colonización americana -como la de otras regiones del planeta por los ingleses, franceses, portugueses u holandeses- fue indudablemente inhumana, en muchos aspectos monstruosa. Este debate sí creo que está clausurado, más allá que todavía hay sectores que se empeñan en minimizarlo -no con ningún objetivo de esclarecimiento de lo sucedido en el pasado, sino con el sentido de enfrentar las demandas actuales, justas en su mayoría, de las distintas comunidades de pueblos originarios o preexistentes-.

Sí creo que lo que está en discusión es el carácter reaccionario o progresivo de la empresa desde el punto de vista histórico. Todavía muchos intelectuales e historiadores concluyen que aunque la colonización significó el genocidio de millones de indígenas, el sometimiento de los pueblos originarios -política que con mayores o menores grados se extendió en el tiempo, ya con una Latinoamérica balcanizada y con gobiernos independientes de las metrópolis colonizadoras, y hasta la actualidad-, desde el punto de vista histórico este proceso fue progresivo.

Para adelantar algunas de mis conclusiones, creo que la colonización fue inevitable, pero el concepto de progreso, tanto la concepción de una historia lineal y armónica del Iluminismo que siempre llega a buen puerto, como la historia como desarrollo de la racionalidad dialéctica -donde la historia avanza con contradicciones, pero avanza-, entró enteramente en crisis en el siglo XX.

Afirmar que inevitablemente la rueda de la historia corre hacia una mejor humanidad aunque “chorree sangre y lodo” (como decía Marx respecto al dominio del capital en el mundo), y que por lo tanto se debe reivindicar la colonización bajo el concepto que todo se justifica en función del progreso, ya no puede ser aceptado sin severos cuestionamientos.

 I. LAS INJUSTICIAS DE LA CONQUISTA Y COLONIZACION

Existen suficientes libros, un gran número de historiadores y ensayistas, con muchos años de investigación, que han constatado la veracidad de los atropellos y masacres producidas en los años de la conquista y colonización sobre las distintas sociedades indígenas.

No hay coincidencia entre los más serios investigadores sobre la cantidad de indígenas existentes antes de 1492. Las Casas sugiere en sus testimonios una población cercana a los 100 millones, y los más fanáticos indigenistas aceptan como real esa cantidad, o, por lo menos, unos 80 millones. Otros, como Sapper y Rivet, relacionando el nivel de civilización y la densidad de habitantes, estiman unos 50 millones, mientras que hay autores, como Kroeber, que concluye que el número alcanzado por los indígenas no llega a los 10 millones (2).

Regionalmente se han realizado estudios que han permitido aproximaciones más objetivas, que indican, por ejemplo, que en México Central existían antes del descubrimiento aproximadamente 25 millones de indígenas. Existen sí cálculos más certeros sobre la cantidad de aborígenes que fueron pereciendo en las décadas de la conquista y colonización, y que confirma que el número de víctimas fue muy importante.

En México Central, de los 25 millones que mencioné, sólo se contaron poco más de 3 millones setenta años después. Las causas de esta mortandad han sido fundamentalmente dos. Una, las guerras de conquista, donde la enorme distancia entre los estadios de civilización –desde el punto de vista de técnica- fue lo decisivo para que grupos pequeños de españoles causaran miles y miles de muertes. Otra, quizás la más importante, las bacterias y virus (ue se llevaron millones de muertes) que trajeron los europeos a América.

Los cuerpos desnudos, las flechas sin siquiera sus puntas de hierro, dado que este metal les era desconocido, poco podían hacer contra las ballestas, las escopetas, las espadas y los escudos. Américo Vespucio describió claramente esta situación: "...pues como están desnudos siempre hacíamos en ellos grandísimas matanza, sucediéndose muchas veces luchar diez y seis de nosotros con dos mil de ellos y al final desbaratarlos y matar muchos de ellos...".

De allí que los distintos conquistadores, como Vasco Nuñez de Balboa, Diego Velázquez, Hernán Cortés y Francisco Pizarro hayan podido matar a miles y miles de indígenas en sus procedimientos guerreros, con una considerable inferioridad numérica de los grupos que comandaban.

Contribuyeron también a esas matanzas las divisiones entre las distintas sociedades aborígenes. Los aztecas y los incas, antes de la conquista, habían dominado imperialmente a distintos grupos indígenas, con atropellos y crueldad, y fue por eso que, por ejemplo, los totonacas, tlaxcaltecas y otomíes se aliaron a Cortés para derrotar a los aztecas (3) (cansados de las matanzas y sacrificios de sus hijos que aquellos hacían).-.

También Pizarro realizó la conquista de los incas en plena "guerra civil" de ese imperio, por la sucesión de Huaina Cápac, entre el hijo primogénito Huáscar y Atahualpa, el vástago predilecto.  Esta situación de división y enfrentamiento entre grupos indígenas facilitó las matanzas hasta incluso el siglo XIX. Todos los conquistadores y generales utilizaron la alianza con las jefaturas indígenas de tal o cual grupo, para derrotar a otra colectividad (4).

La otra causa de muerte de los aborígenes y, quizás, la que mermó más su número, fue la falta de inmunidad a varias enfermedades contagiosas que trajeron los europeos, principalmente la viruela. En una carta de Jerónimo López al príncipe Felipe, en 1545, se indica que sucumbieron 400.000 indios en el término de siete meses en la zona de México por viruela.-

Esta sola cifra duplica el número de indígenas muertos en la batalla de más de 90 días de los españoles de Cortés contra los aztecas dirigidos por el joven Cuauhtémoc, en la toma de la capital Tenochtitlán, que significó el golpe decisivo de los conquistadores para sojuzgar a la América Central (5).

Como escribió Eduardo Galeano en "Las venas abiertas de América Latina": "Los indios morían como moscas; sus organismos no oponían defensas ante las enfermedades nuevas. Y los que sobrevivían quedaban debilitados e inútiles", citando luego a Darcy Ribeiro quien, en "Las Américas y la Civilización, Tomo I", estimó que más de la mitad de la población aborigen de América murió contaminada luego del primer contacto con los hombres blancos, por viruela, tétanos, venéreas, fiebre amarilla, lepra y hasta la simple gripe, entre otras.

En muchas ocasiones, conscientes de la mortandad causada por varias enfermedades, españoles y de otros países europeos, provocaron intencionalmente el contagio a los aborígenes para eliminarlos. Todavía en el siglo XIX y principios del siglo XX fue utilizada esa práctica para "despoblar" tierras que les interesaban a los europeos. Por ejemplo, los últimos onas, en el sur de América, fueron exterminados, no solamente por las armas, sino por las bacterias y virus que inmigrantes ingleses inoculaban en las ballenas que encallaban en las playas, a sabiendas que luego esos grupos indígenas se aprovisionaban de la carne de los mamíferos marinos para alimentarse, como escribió el antropólogo rionegrino Rodolfo Casamiquela, por testimonio directo de uno de los últimos onas que habitaron Tierra del Fuego.

 II. LA IDEALIZACION DE LAS SOCIEDADES PRECOLOMBINAS

Más allá de la veracidad, como ya se ha dicho, de los actos de barbarie cometidos por los colonizadores y de las injusticias todavía vigentes contra los pueblos preexistentes, no deja de ser un mito la idealización de las sociedades precolombinas que esgrimen muchos grupos indigenistas o integrantes de las distintas comunidades actuales. Ej: que vivían armoniosamente, que sus niveles culturales se encontraban avanzados para la época, que sus estructuras organizativas eran justas, y sus religiones totalmente humanitarias y de prácticas inocentes.

En principio, no había uniformidad en el desarrollo de las distintas culturas indígenas. Si bien son indudables los avances de los mayas en aritmética y astronomía, a tal punto que, por ejemplo, calcularon con más exactitud el año astronómico que el señalado por el calendario gregoriano, y distintos grupos mixtecas dejaron historia "escrita", contra la creencia difundida que sólo se había heredado de los grupos precolombinos testimonios materiales, tradiciones y leyendas recogidas por los primeros europeos, pero no auténticos registros de sus vidas (6).-

Lo cierto es que las sociedades más avanzadas: mayas, aztecas e incas, se encontraban recién en el estadio medio de la barbarie, y existían poblaciones (como los araucanos o mapuche) que vivían con un nivel cultural del neolítico. Las grandes culturas aborígenes habían desarrollado el cultivo del suelo e hicieron surgir grandes ciudades, compuestas algunas por viviendas y otras por templos, pero, por ejemplo, no conocían la rueda ni el laboreo del hierro, y no es exagerado decir que en la técnica "por lo general los indios estaban aún en la Edad de Piedra" (7).

Los grandes imperios, como aztecas e incas, se expandieron por la vía militar, sojuzgando a otros pueblos indígenas con mucha crueldad, y gobernaron despóticamente. De allí, como he señalado, las divisiones de las que se aprovecharon los conquistadores para salir victoriosos de muchas batallas. Las religiones que practicaban las distintas sociedades y grupos aborígenes, en su mayoría con gran cantidad de divinidades, permitían crueldades de todo tipo, como los sacrificios humanos en aztecas e incas, y el canibalismo y la reducción de cabezas en las tribus aborígenes más conocidas del Brasil y el Matto Grosso..

Sólo así se entiende que, por ejemplo, muchos grupos indígenas se aliaran a Cortés para derrotar a los aztecas (caso Malinche: tlaxcalteca ella); de hecho, hay investigaciones que afirman que en el principal templo de la ciudad de México, se sacrificaron, por ejemplo, 20.000 hombres en cuatro días (hombres que no eran aztecas sino de los pueblos subyugados).

 III. MITOLOGIA Y RELIGION

La mitología azteca e inca también ayudó a la conquista, dado que existían presagios sobre el retorno de los "dioses" que los aborígenes asociaron a la llegada de los conquistadores. El azar hizo que el dios Quetzalcóatl, de los aztecas, "que vendría por el este", fuera blanco y barbudo como los españoles, y que, además, fuera blanco y barbudo el dios Huiracocha de los incas.-

Así lo han señalado numerosos autores, como Richard Konetze, quien escribió: "El espíritu de lucha que animaba al belicoso pueblo azteca frente a los intrusos europeos fue lentamente minado por sus creencias religiosas. Los aztecas consideraban que su mundo estaba amenazado por el infortunio y condenado a la ruina... fue esencial el profetizado retorno del rey y sacerdote Quetzalcóatl, quien debía aparecer por el Oriente y poner término a la supremacía de los dioses sanguinarios... Moctezuma creyó que los españoles eran los anunciados nuevos señores a quienes debía cederles el poder " (8).

Así como las religiones de los grupos indígenas facilitaron en gran medida su sometimiento a los conquistadores, la difusión de la fe cristiana y "la lucha contra los infieles" fue un componente esencial en el desarrollo y los hechos cruentos que marcaron décadas y décadas de conquista y colonización del territorio americano. El cometido misional legitimó la toma de posesión del Nuevo Mundo, y llevó a la iglesia a participar activamente en la organización de la vida americana. Primó además la concepción según la cual el sometimiento de los indios por la fuerza de las armas era imprescindible para predicar más fácilmente y con mayor éxito el evangelio.

Conviene aclarar que la evangelización de los paganos no fue el motor fundamental que empujó a los españoles a la conquista de América. Es obvio que por sobre las intenciones confesionales, primaba el interés más terreno de la posición y la riqueza que no habían obtenido en Europa. Sin mencionar que muchos embarcaban a una aventura sin dudas riesgosa, dadas las frágiles embarcaciones, escapando de distintos tipos de persecuciones, como está documentado en relación a muchos judíos, motivados por las medidas inquisitoriales de los reyes católicos.-

Como escribió Richard Konetzke: "No es imaginable que los rudos y curtidos marinos que tras larga resistencia se resolvieron a participar en el primer viaje de Colón, o los delincuentes indultados que se encontraban entre los tripulantes, se hayan sentido apóstoles laicos que llevaban el evangelio a pueblos distantes e ignotos" (9).

No obstante, "la conversión de los aborígenes" justificaba el accionar y los atropellos que llevaron a cabo los grupos comandados por los distintos conquistadores españoles. Por eso Colón escribió que los reyes Fernando e Isabel "como católicos y cristianos y Príncipes amadores de la santa fe cristiana y acrecentadores della, y enemigos de la secta de Mahoma y de todas las idolatrías y herejías, pensaron de enviarme a mí Cristóbal Colón a las dichas partidas de Indias para ver los dichos príncipes, y los pueblos y tierras, y la disposición dellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión dellas a nuestra santa fe". Todos los conquistadores posteriores, en sus escritos e informes a las autoridades de la metrópoli, marcaban también asiduamente el propósito confesional de sus actos.

Es cierto, por otra parte, que existieron conflictos, por un lado entre misioneros y colonos con motivo de los tratamientos manifiestamente inhumanos que se brindaba a los grupos indígenas, y la rapiña y rivalidades que se originaron entre los españoles por las riquezas del Nuevo Mundo, que se encontraban muy lejos de la "conciencia cristiana" de la época; y por otro, entre las diferentes órdenes religiosas, sectores intelectuales y dirigentes y la cúpula papal, precisamente por la manera en que se debía obrar con los aborígenes y las diferentes posturas existentes respecto a si los indígenas debían ser considerados tan "humanos" como los europeos, y si contaban con el "alma" que justificara su evangelización.

Es indudable, más allá de todas estas contradicciones, que el papel de la iglesia y el componente religioso de los conquistadores sirvió de "aliento" y "justificación" a un accionar que no se caracterizó por lo humanitario y cristiano que podría presuponerse. Así como las creencias religiosas de los aztecas y de otras sociedades indígenas minaron su combatividad contra los conquistadores, la religión de los europeos, por el contrario sirvió de incentivo a su papel guerrero y de dominación.

La realidad de los incontables hechos cruentos efectuados por los europeos "cristianos", llevó a que algunos religiosos e intelectuales se cuestionaran la legitimidad de los objetivos confesionales que se esgrimían para conquistar el Nuevo Mundo y otras regiones del planeta, y muchos alzaron su voz solitaria por la vergüenza que sentían al enterarse de las matanzas que llevaron a cabo hombres de su misma fe.-

Por ejemplo, William Howitt escribió en forma contundente sobre el sistema colonial cristiano que: "Los actos de barbarie y los inicuos ultrajes perpetrados por las razas llamadas cristianas en todas las religiones del mundo y contra todos los pueblos que pudieron subyugar, no encuentran paralelo en ninguna era de la historia universal y en ninguna raza, por salvaje e inculta, despiadada e impúdica que ésta fuera".

 IV. LA COLONIZACION FUE UN INSTRUMENTO PARA EL TRIUNFO DEL CAPITALISMO

 A pesar de su carácter inhumano, la colonización de América fue parte quizás principal de toda la etapa de la acumulación primitiva capitalista; fue uno de los principales eslabones en la expansión mundial del naciente capitalismo. De allí que muchos intelectuales e historiadores, con ideología de derecha o izquierda, justificaran que ese proceso fuera progresivo históricamente hablando. Era el desarrollo de “la razón instrumental”, del progreso o del triunfo de un sistema que también generaría en su seno a sus propios enterradores, los obreros, con lo cual vendría el socialismo y así "históricamente" el pasado de la humanidad, incluyendo los horrores de la colonización, quedaría redimido.

El mejor historiador marxista, a mi juicio, de nuestro país, Milcíades Peña, lo escribió claramente: "Algunos teóricos populistas condenan a posteriori la colonización española (o inglesa) partiendo de la lamentable tontería de que la misma fue inhumana. Pero no se puede condenar la colonización -ni tampoco la esclavitud que prevaleció en la antigüedad- dado el hecho irrefutable que resultaba económicamente necesaria. Era en su momento el único camino abierto a la humanidad para que una parte de ella pudiera ascender explotando al resto, a un creciente dominio sobre la cultura; preparando así, objetivamente, y pese a sus deseos, las bases para la emancipación de toda la humanidad" (10).

El argentino Sergio Bagú también señaló que, a pesar de las injusticias, el sistema colonial sirvió al fortalecimiento del capitalismo, un sistema que significó un tremendo salto adelante de las fuerzas productivas: "(...fueron descubiertas y conquistas (las colonias americanas) como un episodio más de un vasto período de expansión comercial del capitalismo europeo. Muy pocos lustros después de iniciada su historia propiamente colonial, la orientación que van tomando sus explotaciones mineras y sus cultivos agrícolas descubren a las claras que responden a los intereses predominantes entonces en los grandes centros comerciales del viejo mundo" (11).

El propio Carlos Marx, quien calificó a la colonización americana en El Capital de "cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento de la población aborigen en las minas", en numerosos escritos fue claro en marcar que consideraba progresiva la empresa.

Así en la Ideología Alemana escribió que: "La manufactura y en general el movimiento de la producción experimentaron un auge enorme gracias a la expansión del comercio como consecuencia del descubrimiento de América... Los nuevos productos importados de estas tierras, y principalmente las masas de oro y plata lanzadas a la circulación, hicieron cambiar totalmente la posición de una clase con respecto a otras y asestaron un rudo golpe a la propiedad feudal de la tierra y a los trabajadores, al paso que las expediciones de aventureros, la colonización y sobre todo la expansión de los mercados hacia el mercado mundial, que ahora se había vuelto posible y se iba realizando día tras día, hacían surgir una nueva fase del desarrollo histórico...

La colonización de los países descubiertos sirvió de nuevo incentivo a la lucha comercial entre las naciones, y le dio, por tanto, mayor extensión...". También en el Manifiesto Comunista sentenciaron Marx y Engels: "La gran industria ha creado el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo del comercio, de la navegación y de todos los medios de transporte terrestres. Este desarrollo, a su vez, influyó en el auge de la industria, el comercio, la navegación y los ferrocarriles, desarrollábase la burguesía, multiplicando sus capitales y relegando a segundo plano a todas las clases legales por la Edad Media".

Es clara la contradicción que esgrime gran parte de la denominada izquierda marxista que se muestra actualmente aliada de las corrientes indigenistas que pretenden darle a la lucha por la "liberación" o "emancipación" la vuelta a un supuesto esplendor precolombino que la colonización truncó (12) sin hacer todavía una relectura de los textos que en este sentido escribieron Marx, Engels y otros intelectuales al respecto y que invalidan totalmente tal postura.

Sin abundar en citas de Marx, la posición del alemán sobre la colonización americana puede resumirse en lo escrito respecto al accionar inglés en la India: "De acuerdo con una ley eterna de la historia, los conquistadores bárbaros son conquistados, a su vez, por la civilización superior de los pueblos que sojuzgan. Los ingleses fueron los primeros conquistadores de civilización superior a la hindú, y por eso resultaron inmunes a la acción de ésta.-

La destruyeron disgregando las comunidades nativas, desarraigando la industria indígena y nivelando todo lo que de grande y elevado tenía la sociedad nativa. Las páginas de la historia de la dominación inglesa en la India apenas ofrecen algo más que esas destrucciones. Tras los montones de ruinas a duras penas puede distinguirse su obra regeneradora. Y sin embargo esa obra ha comenzado" (13).

Esto indudablemente está en discusión, más allá que considero valederos y vigentes otros planteos de Marx. Como ya dije se debe revisar el concepto de historia como desarrollo de la racionalidad dialéctica –lo que implica replantear el concepto tanto de historia como de un tren que, aún con contradicciones, indudablemente lleva en sus vagones el progreso y el avance de la humanidad, y de la propia dialéctica-. En este marco creo que son justas muchas demandas de las comunidades herederas de los pueblos preexistentes, como el acceso a la tierra, el respeto a la diversidad cultural, la interculturalidad, sin por eso adherir a la idealización de su pasado precolombino o pre-Conquista del Desierto -para situar el tema más cercano en el tiempo y a la historia de nuestro país-, ni de muchos de sus componentes culturales y religiosos.

El descubrimiento y colonización de América tuvo, en síntesis, un objetivo comercial que sirvió para fortalecer a la burguesía europea, que finalmente dirigiría los procesos revolucionarios que derribaron totalmente al régimen feudal. Autores de uno u otro signo ideológico coincidieron en señalar que los nuevos descubrimientos geográficos de los siglos XV, XVI y XVII, fueron motor del desarrollo del capital comercial, favoreciendo la transición del modo feudal de producción al capitalista.-

Las riquezas expoliadas en América, directamente por el saqueo, las matanzas con rapiña, la esclavización y otros métodos de sometimiento, refluían a las metrópolis y se transformaban allí en capital.Para adelantar otras conclusiones. Se puede decir que este proceso de avance al dominio del capital surgió y se fortaleció ferozmente, es decir, se cumplió la etapa destructora de la que hablaba Marx, de aniquilación de las viejas sociedades precolombinas, pero lo que está en discusión es la etapa regeneradora.-

Cuando uno ve la realidad de tantas comunidades indígenas en Latinoamérica no se puede afirmar que a pesar de la inhumanidad del período inicial de la colonización se colocaron los fundamentos materiales de una sociedad mejor, similar a la de los principales países occidentales. Ni tampoco adherir a una concepción de la historia donde el fin justifica los medios, es decir, porque es progresivo todo se justifica. Como la canción de León Gieco, gran parte de los descendientes de los pueblos originarios pueden afirmar, con razón, “cinco siglos igual”.

NOTAS:

 (1) De acuerdo a la definición de Morgan sobre la clasificación de un orden preciso en la prehistoria de la humanidad -salvajismo, barbarie, civilización- que luego toma Federico Engels en su “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado

 (2) Ver "América Latina" II. La época colonial. Richard Konetzke. Editorial Siglo XXI. 1971.

 (3) Idem y "El asedio de la modernidad", de Juan José Sebreli, Editorial Sudamericana.

 (4) Ver pag. 15 del libro señalado de Richard Konetske.

 (5) Ver "América Latina" I. Antigüas culturas precolombinas. Laurette Séjourne. Editorial Siglo XXI. 1971.

 (6) Ver "Reyes y reinos de la mixteca", de Alfonso Caso. Editorial Fondo de Cultura Económica. 1977.

 (7) Ver el libro señalado de Séjourne y Capítulo II de "Antes de Mayo", de Milcíades Peña, Ediciones Fichas, Buenos Aires. 1973.

 (8) Ver pag. 13 del libro señalado de Konetske.

 (9) Ver capítulo "La iglesia y las misiones" del libro señalado de Konetske, pag. 205.

 (10) Ver capítulo I del libro indicado de Milcíades Peña, "Antes de Mayo".

 (11) Ver "Economía de la sociedad colonial", de Sergio Bagú. Editorial El Ateneo. Buenos Aires.

 (12) Ver "El asedio de la modernidad" de Sebreli, y "Tercer Mundo: mito burgués" del mismo autor, Editorial Siglo XX. 1975.

 (13) "Futuros resultados de la dominación británica en la India", de Karl Marx. New York Daily Tribune. Nro. 4904 del 7 de enero de 1857. recopilado en "Sobre el colonialismo", de Karl Marx y Friedrich Engels. Cuadernos de Pasado y Presente. 1973.

(*) Claudio Garcia es escritor, historiador y periodista de APP

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