HOY: LAGOS QUE DESAPARECEN, OCÉANOS QUE CAMBIAN Y ACUÍFEROS EN RIESGO

El aumento de la temperatura (en el planeta) está impactando sobre la capacidad de recarga de los lagos, esenciales para el consumo humano. Este es el caso de los lagos en el Parque Nacional Yala en Sri Lanka. (Imagen. CC)
Turquía se queda sin lagos. Durante décadas, Turquía fue considerada una región con abundantes recursos hídricos continentales. Hoy, esa imagen se derrumba: más de la mitad de sus lagos han desaparecido en apenas 60 años.
El caso del lago Mármara, en el oeste del país, se volvió un símbolo inquietante. Donde antes había un humedal clave para las aves migratorias, la pesca y las comunidades locales, hoy queda en gran parte un lecho seco.
Según informes científicos y datos recogidos por la ONU y National Geographic, la desaparición del lago no responde a una sola causa. Es el resultado de una combinación peligrosa:
Aumento sostenido de las temperaturas, – sequías más frecuentes y prolongadas, – extracción intensiva de agua para riego agrícola, y presas y canales que alteraron el equilibrio natural de la cuenca.
Por qué importa
Los lagos no son solo paisajes: son reguladores térmicos, reservas de agua potable y sostén de ecosistemas enteros. Cuando desaparecen, el impacto es social, ecológico y económico al mismo tiempo.
Lo que ocurre en Turquía no es una anomalía local. Es un anticipo de lo que puede suceder en muchas regiones del mundo donde el clima se calienta más rápido que nuestra capacidad de gestionar el agua de forma sostenible.
El dato de la semana
Más del 60 % de los grandes lagos del mundo ha perdido superficie desde 1992, según análisis satelitales recientes, principalmente por el aumento de temperaturas y la extracción insostenible de agua.
El agua invisible: los acuíferos ya no se recargan como creíamos
Hay otra parte del sistema hídrico que casi no vemos, pero de la que dependemos todos los días: las aguas subterráneas. Los acuíferos representan la mayor reserva de agua dulce disponible para consumo humano, y nuevas investigaciones muestran algo clave: no cualquier lluvia sirve para recargarlos.
Los estudios indican que solo lluvias intensas y sostenidas logran atravesar las capas superficiales del suelo y llegar a las profundidades donde se almacena el agua. La mayoría de las lluvias “normales” no alcanza.
El problema en un clima más cálido
Con temperaturas más altas: aumenta la evaporación, se reduce la infiltración profunda y los eventos de lluvia que realmente recargan acuíferos se vuelven más escasos. En algunas regiones, se necesitan entre 10 y 20 mm de lluvia en 48 horas para activar la recarga real. No es un umbral que se alcance con frecuencia.
El resultado es inquietante: la mayor reserva de agua dulce del planeta depende de episodios cada vez más raros. Los acuíferos son esenciales para el acceso al agua de millones de personas. Ahora se ha detectado que no cualquier lluvia es óptima para su recarga, lo que establece una fuerte correlación con el cambio de régimen por el cambio de temperaturas.
El océano cruza otro límite: la acidificación ya es crítica
Mientras los lagos se secan en tierra firme, los océanos enfrentan una transformación silenciosa pero profunda. El informe Planetary Health Check 2025, del Instituto Potsdam, confirmó que la humanidad ya ha cruzado el séptimo límite planetario: la acidificación oceánica.
Desde la era preindustrial, el pH superficial del océano cayó unas 0,1 unidades. Puede parecer poco, pero equivale a un aumento del 30–40 % en la acidez, suficiente para empujar a muchos ecosistemas marinos fuera de su zona segura.
Qué está pasando
Los océanos absorben cerca de un tercio del CO₂ que emitimos. Ese dióxido de carbono reacciona con el agua formando ácido carbónico, lo que reduce el pH y afecta procesos biológicos esenciales.
Los estudios más recientes muestran que: más del 40 % de la superficie oceánica y hasta el 60 % del océano subsuperficial (hasta 200 m), ya cruzaron el límite de seguridad para la vida marina.
Johan Rockström lo resumió con claridad: “El diagnóstico es grave, pero el fracaso no es inevitable. Es una elección.”
Más allá del pronóstico… Un lago que desaparece. Un océano que se vuelve más ácido. Un acuífero que ya no se repone como antes.
Tres señales distintas, un mismo mensaje: el ciclo del agua, base de la vida y de las sociedades, está entrando en una zona crítica. Entender estas conexiones no resuelve el problema, pero es el primer paso para no repetir errores. Porque el agua que perdemos hoy no siempre vuelve mañana. (Enzo Campetella)








