EL PISO QUEDÓ «GOMOSO COMO UN CHICLE». TUVO QUE DEJAR LA VIVIENDA Y DEBERÁN RESARCIRLA

La planificación de una mejora para renovar los pisos de su departamento terminó en una obra fallida que alteró por completo el uso de la vivienda. La clienta contrató la colocación de porcelanato líquido, transfirió el dinero para los materiales y abonó parte de la mano de obra, pero después de la aplicación el revestimiento no secó como debía.
El material quedó “gomoso, como un chicle”, y cada paso hacía que las suelas del calzado se adhirieran al piso. El fuero Civil de Bariloche hizo lugar a la demanda y condenó al trabajador a indemnizarla por los daños materiales y el daño moral que sufrió.
El trabajo se realizó en octubre de 2023. Según relató la demandante, el colocador le había informado que el producto estaría seco entre 12 y 15 horas después de su aplicación. Al día siguiente, sin embargo, el piso seguía blando, no cubría toda la superficie y no tenía el acabado que había motivado la contratación.
El problema no quedó reducido a una cuestión estética. La mujer sostuvo que su casa dejó de ser habitable porque no podía caminar por los ambientes sin que el calzado quedara adherido al material. Ante ese escenario, reclamó una solución urgente al trabajador que había realizado la tarea.
La respuesta no resolvió la urgencia. De acuerdo con la presentación judicial, el colocador le dijo que iba a reclamar contra la empresa proveedora de los materiales y que luego le devolvería el dinero, aunque le advirtió que eso podía llevar tiempo.
Mientras esperaba una salida que no llegaba, la clienta tuvo que reorganizar su vida cotidiana fuera de la vivienda y buscar una alternativa para recuperar el departamento. La solución implicó volver a invertir dinero, comprar porcelanato en bloque y contratar a otro colocador para retirar el material defectuoso.
La reparación tampoco fue inmediata. Según surge del expediente, el nuevo trabajo debió hacerse por tramos para permitir el secado y adaptarse a la disponibilidad del profesional que aceptó atender la urgencia durante los fines de semana. La mujer debió atravesar así una segunda obra, esta vez destinada a corregir los daños que había dejado la primera.
El conflicto llegó al fuero Civil de Bariloche como una demanda por daños y perjuicios. El trabajador fue notificado, pero no se presentó a contestar el reclamo, por lo que fue declarado en rebeldía. Esa falta de respuesta permitió tener por reconocidos los hechos lícitos expuestos por la mujer.
El juez tuvo por acreditado que existió una contratación, que la clienta pagó materiales y mano de obra, que el resultado fue defectuoso y que debió contratar a otra persona para corregir el problema. También valoró la prueba informativa que confirmó las transferencias realizadas.








