¿CÓMO NO DEFENDER LA JUSTICIA SOCIAL SIN ENVALENTONAR A SUS VERDUGOS?

Nota de opinión de Roberto Fermín Bertossi (*): La irrefutable supremacía de nuestra Constitución Nacional (CN), nos asegura la provisión institucionalmente operativa de aquello conducente al desarrollo humano y a un progreso económico pero con “justicia social” (artículo 75 inciso 19). Con la justicia social como concepción e identificación de satisfacción y paz, ratificamos a la misma desde una prospectiva prioritaria e innegociable para un desarrollo humano decisivo.
Precisamente el papa León XIV –como sucesivamente sus predecesores sin diferencias ni interferencias-, en su primer discurso ante el cuerpo diplomático, determinadamente solicitó a los gobiernos priorizar el fortalecimiento de la familia, advirtiendo sobre las desigualdades globales y llamó a renovar la diplomacia internacional en favor de la paz.
Durante su primer discurso ante los representantes diplomáticos de los 184 países con los que la Santa Sede mantiene relaciones, el papa León XIV instó a los gobiernos a priorizar políticas que fortalezcan la familia tradicional y contribuyan a la construcción de sociedades “armónicas y pacíficas”
Este pensar, decir y hacer se corresponde no solo con un contexto bíblico, peculiar y distintivo del carisma agustiniano papal, sino con el propio espíritu característico en las primeras comunidades de creyentes. La visita papal anunciada oficialmente para noviembre próximo, reanima, entusiasma y deviene providencial en tiempos de hambrunas de pacificación, del fenomenal descuido de “la casa común”, de fraternidad con tacto y contacto, de alimentos y medicamentos, de salud y de educación, de trabajo y techo digno, de bondad, de empatía y de solidaridades intergeneracionales, (vg.: discapacitados, jubilados ordinarios, infraestructura vial, etc.).
Solamente sabiendo “escuchar y encarnar” esas palabras de León XIV, podremos «hendir la tierra con una cuña antropológica» para que ´todos, todos, todos´ vuelvan a quedar adentro; cuña o instrumento en vértice diedro de espalda con espalda, claramente no para separar ni dividir sino, para extender una insustituible calidez humana existencialmente imprescindible a cada excluido, lastimado, descartado y aplastado.
Según una esperanzada hermenéutica de las primeras expresiones papales de León XIV, ya tenemos que ir suturando toda herida, grieta o división; más precisa y puntualmente lo que nos viene demandando esa «auténticamente cruel e inhumana» voracidad insaciable del egoísmo individual -extraviado y como alucinado- en el disparate cósmico de un mercadocidio despersonalizado que define a la justicia social como un disparate, el mismo que sin inversiones productivas ni plausible crecimiento económico con rostro humano, desde el altar de su oligarquía corporativa «derrama» excluidos y descartados, tan visualizables a la vera del camino como en el fondo de los mares (vg.., migrantes e inmigrantes, etc.); ello conforme un trienio de evidencias concluyentes sin intermitencias en la praxis gubernamental nacional, con una economía averiada profusamente desigual, en el marco de disputas y traiciones políticas e institucionales permanentes.
Apuntando a tan lacerante desigualdad global, León XIV subrayó que en el contexto del “cambio de época” que atraviesa el mundo, la Santa Sede “no puede eximirse de hacer sentir su propia voz ante los numerosos desequilibrios y las injusticias que conducen, entre otras cosas, a condiciones indignas de trabajo y a sociedades cada vez más fragmentadas y conflictivas”
Consecuentemente anoticiados, “lucen imperiosos nuevos y auténticos puentes de fraternidad para la dignidad humana, entre un exiguo número de incluidos y multitudes de excluidos, puentes que serían la mejor respuesta posible para, paulatina pero oportunamente revincular con “una noble igualdad de trato y de oportunidades” consumidores y productores, usuarios con prestadores, ahorristas con mutualistas sin usureros, «a todo enfermo con su médico», evitando intermediarios y extravagantes especulaciones lucrativas, para ir revirtiendo lacerantes desigualdades de posibilidades que vienen generando “surcos profundos de opulencia e indigencia entre continentes, países e, incluso, dentro de las mismas sociedades”; al fin y al cabo una de las acciones concretas que siempre alentó Francisco y vigorosamente recordó“urbe et orbi” el Papa León XIV´ desde el inicio de su pontificado.
Por último y para que no quepa duda ninguna, el nombre elegido, León XIV, es toda una definición: como sabemos, León XIII dio inicio a la Doctrina Social de la Iglesia con su famosa encíclica Rerum Novarum (de las cosas nuevas) publicada en 1891. Basta repasarla para ver no sólo su vigencia sino (sobre todo) la hondura e ineludible incidencia social que contiene en abundancia si la tomamos en serio.
En recientes apotegmas del politólogo Augusto Salvatto, «La modernidad fue un ordenamiento y el Estado, su ejecutor», anticipándonos el experto que ´hoy, esa promesa ya no seduce´ y que su mayor amenaza es la IA, la versión extrema del utilitarismo que podría reemplazarlo, porque «funciona, simplifica y resuelve».
Igual concluye Salvatto, «… resta una esperanza de vida para el Estado: ¡volver a ser humano!»; que se corresponde con la máxima inquietud, propósito y sentido de León XIV en su Carta Encíclica: “Magnifica humanitas”, en tanto celo y centinela de la dignidad humana en plena irrupción de la dada en llamar, inteligencia artificial, (IA).
(*) Roberto Fermín Bertossi – Experto CoNEAU Derecho Cooperativo








