¿QUIEN CUIDABA LAS TUMBAS EN TIEMPOS DE LAS PIRÁMIDES?

Un proyecto de la Universidad de Sevilla rastrea a las personas que mantenían vivos los cultos funerarios del Egipto de las pirámides. Su hipótesis de partida es que las tumbas conservan las redes de dependencia y patronazgo que unían a la gente en vida.
Al pensar en el culto funerario del antiguo Egipto, la imaginación se va enseguida al difunto, a sus ofrendas y a los dioses. Quienes cada día llevaban el pan, la cerveza o el incienso hasta la tumba suelen quedar fuera de la imagen. Un equipo de la Universidad de Sevilla quiere devolverles el primer plano, y lo hace en uno de los periodos más remotos de la historia egipcia, el Reino Antiguo, entre 2650 y 2130 a. C.
Es la época en que se levantaron las grandes pirámides de Giza, tan lejana que Cleopatra vivió más cerca de nuestro tiempo que de la construcción de la Gran Pirámide. El proyecto se llama Redes Invisibles: patronazgo en el culto funerario del Reino Antiguo, lo financia el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y lo dirige el egiptólogo Raúl Sánchez Casado.
Según la base de datos de investigación de la propia universidad, arrancó el 1 de septiembre de 2023 y tiene previsto terminar el 31 de diciembre de 2026. Su punto de partida, tal como lo recoge la nota de prensa de la Universidad de Sevilla, es que el culto funerario egipcio, además de práctica religiosa, fue un espacio donde quedaron reflejadas las relaciones sociales y de interdependencia que existían en vida.
La investigación se pregunta por las personas que hicieron posible ese culto: quiénes fueron sus oficiantes, qué posición socioeconómica tenían y qué vínculos de dependencia, colaboración y patronazgo establecieron con aquellos a quienes servían.
Según la hipótesis del equipo, esas relaciones no se generaban necesariamente en la necrópolis. Serían lazos anudados durante la vida que después quedaban plasmados en el espacio funerario y seguían teniendo importancia de cara al más allá.
La tumba servía para preservar la memoria del difunto y de su familia, pero también acogía a gente de su entorno, como sirvientes, amigos o colegas, que aparecen representados en la iconografía de los monumentos y pasan a formar parte del sistema funerario asociado al difunto.
Esa representación cumplía una doble función. Por un lado, mantenía viva la memoria del grupo y de las relaciones que lo habían formado. Por otro, integraba simbólicamente a esas personas en el séquito del difunto en el otro mundo, donde debían proporcionarle lo que necesitara.
Sánchez Casado lo resume asi: De este modo, el sistema establecía una relación de reciprocidad. El difunto se aseguraba un séquito que cubriera sus necesidades en el más allá, mientras que las personas representadas quedaban integradas en el sistema de la tumba y obtenían una oportunidad de perpetuar su propia memoria, una posibilidad que probablemente habría sido mucho más limitada de forma independiente, ya que disponer de una tumba decorada estaba al alcance de muy pocos.
La última frase explica por qué el asunto interesa tanto. Si una tumba decorada era un privilegio reservado a pocos, quien aparecía en las paredes de la de otro probablemente habría tenido difícil dejar constancia de su nombre por otra vía. Según el proyecto, contribuir al culto, tanto de forma física como simbólica, permitía además mantener y recrear los lazos de interdependencia de la comunidad.
Por ahora se trata de una hipótesis de partida que el equipo quiere contrastar con documentación de campo, no de un resultado cerrado. Para entender a quién se estudia conviene detenerse en un personaje concreto. En la religión egipcia, el ka era un componente de la persona que seguía necesitando sustento después de la muerte, y los propietarios de las tumbas del Reino Antiguo organizaban ese sustento mediante disposiciones de establecimiento del culto, con ofrendas y personal encargado de gestionarlas.
Los servidores del ka formaban parte de ese personal, y a ellos dedicó Sánchez Casado su tesis doctoral en la Universidad de Sevilla, defendida en 2019 bajo la dirección de Antonio Javier Morales Rondán y José Miguel Serrano Delgado.
Su trabajo posterior ha ido ampliando el foco. En un estudio sobre los procedimientos legales del Reino Antiguo analizó cómo las cláusulas de establecimiento del culto intervenían en la resolución de conflictos dentro de la propia institución de los servidores del ka.
Un caso concreto lo publicó en 2024 en la revista Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid. Se trata de Djefaided, supervisor de los servidores del ka en la necrópolis de El-Hammamiya durante la V dinastía. A partir de su tumba (A1) y de las de los señores a quienes sirvió, Kaikhenet (A2 y A3), el estudio reconstruye su papel en el culto, su posición socioeconómica y las relaciones de interdependencia y patronazgo en las que estaba integrado.
Según el artículo, las tumbas de El-Hammamiya muestran con especial claridad cómo el servicio de ofrendas funcionaba como sistema de organización social y como método de redistribución económica. Para poner a prueba la hipótesis, el equipo ha trabajado sobre el terreno en Egipto Medio, la franja del país situada entre el sur de El Cairo y el norte de Luxor. Con Sánchez Casado han participado el investigador Iker Fresneda Pérez y la fotógrafa profesional Patricia Mora Riudavets, y el objetivo era documentar monumentos poco conocidos, inéditos o solo parcialmente publicados.
La primera parada fue Gebel el-Teir, en la gobernación de Minia, un yacimiento que no debe confundirse con la más famosa Tuna el-Gebel, situada también en Minia. Allí, la misión sevillana ha sido la primera en trabajar en la tumba de Iimery en más de cuarenta años. La campaña buscaba una documentación exhaustiva de ese monumento y del resto de tumbas de la necrópolis, muchas de ellas inéditas, con vistas a su futura publicación y puesta en valor para la comunidad científica.
Gebel el-Teir ha vuelto a salir en las noticias por otra razón. En junio de 2026 una misión egipcia del Consejo Supremo de Antigüedades dio a conocer allí dos tumbas del Periodo Arcaico, fechadas entre 3100 y 2686 a. C. También aparecieron enterramientos predinásticos y del Periodo Tardío, y las autoridades egipcias sostienen que la necrópolis se usó de forma continuada desde el Predinástico hasta la Baja Época.
Tras los trabajos en Gebel el-Teir, la misión se desplazó a El-Hawawish, en la región de Sohag. Es el cementerio de Akhmim, ciudad del noveno nomo del Alto Egipto donde se veneraba al dios Min, y reúne más de 800 tumbas excavadas en la roca del Reino Antiguo y del Primer Periodo Intermedio, según el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.
El grueso de su excavación lo hizo, entre principios de los ochenta y principios de los noventa, una expedición australiana del Australian Centre for Egyptology y la Universidad Macquarie dirigida por Naguib Kanawati, que publicó los resultados en diez volúmenes entre 1980 y 1992.
En El-Hawawish, la misión de Sevilla ha estudiado las tumbas subsidiarias vinculadas a miembros de la élite local, cuyos ocupantes mantuvieron estrechas relaciones de dependencia y patronazgo con sus benefactores. Sánchez Casado ya había analizado este cementerio en un artículo de la revista Antiguo Oriente.
Como allí no se conservan textos con las disposiciones de establecimiento del culto, recurrió a la iconografía de las tumbas para deducir qué modelos de funcionamiento y qué tipos de oficiantes había. Según sus resultados, algunos propietarios montaron cultos organizados con estructuras jerárquicas complejas, y los miembros del grupo familiar del difunto aportaron una ayuda considerable actuando como oficiantes.
La campaña terminó en El-Hammamiya, el escenario del caso de Djefaided, para comprender las complejas relaciones sociales que articulaban el culto funerario. El estudio de este conjunto permitirá profundizar en los vínculos entre el personal encargado de los cultos y los patronos que los financiaban, una cuestión central para los objetivos científicos del proyecto. Las tumbas del lugar ya habían sido publicadas en 1990 por Ali el-Khouli y Naguib Kanawati.
Como apoyo a la investigación, el proyecto cuenta con InvNet, una base de datos de acceso público con información sobre monumentos, escenas funerarias y oficiantes representados en las tumbas del Reino Antiguo. La herramienta permite organizar y analizar esos datos para reconstruir las redes sociales del culto funerario. Su estructura jerárquica facilita consultar monumentos, escenas y actores cultuales, y relacionar a las personas representadas con los espacios y actividades en los que aparecen. Se sigue ampliando con nuevos registros.
El proyecto va más allá del equipo de Sevilla. En un seminario celebrado el 6 de marzo de 2025 en la Facultad de Geografía e Historia, sus miembros presentaron avances muy diversos, como el análisis de los artesanos propietarios de monumentos funerarios, a cargo de Fresneda Pérez, o el estudio de las pistas espaciales del patronazgo en la necrópolis de Pepi I en Saqqara, por Rémi Legros, de la Universidad de Lyon.
Queda por ver hasta qué punto las escenas de las paredes permiten leer relaciones reales. Muchas de las tumbas documentadas en Gebel el-Teir siguen inéditas, y solo su publicación dirá cuánto de aquella red de favores que sostenía el más allá egipcio se puede reconstruir. (LBV)








