HACE 66 MILLONES DE AÑOS LA COLA CONVIRTIÓ A UN REPTIL MARINO EN CAZADOR LETAL

Un estudio con fósiles y simulaciones físicas revela por qué algunos de estos animales marinos de la era de los dinosaurios lograban arranques explosivos mientras otros se especializaban en nadar largas distancias tras sus presas.-
Un solo golpe de cola podía modificar la distancia entre un mosasaurio (el devorador de tiburones megalodontes) y su presa. Estos reptiles marinos, emparentados con los lagartos y habitantes de los mares de la era de los dinosaurios, tenían colas de formas distintas. Los fósiles permitían ver esas diferencias, pero no mostraban con claridad cómo influían en su manera de moverse.
La pregunta era si una cola más larga y flexible podía dar ventaja en un ataque y qué ocurría con las especies de cola más corta. Para responderla, un equipo de investigadores reconstruyó la anatomía de cuatro especies y calculó cuánto podían avanzar con un único movimiento de la cola. Un análisis de fósiles y simulaciones basadas en principios físicos, publicado en Current Biology, permitió estimar la aceleración explosiva de estos animales.
Un impulso de cola que podía decidir la captura
La investigación fue liderada por Kiersten Formoso, profesora asistente del Departamento de Ecología, Evolución y Recursos Naturales de la Escuela de Ciencias Ambientales y Biológicas de la Universidad Rutgers.
El equipo analizó esqueletos fósiles de Platecarpus, Tylosaurus, Mosasaurus y Plotosaurus, cuatro tipos de mosasaurios con tamaños y formas de cola diferentes. Los científicos analizaron un movimiento en el que el animal curvaba la cola hacia un lado y luego la desplazaba con fuerza en sentido contrario. Ese golpe contra el agua podía impulsar el cuerpo hacia delante.
Para elaborar las estimaciones, los investigadores partieron de las dimensiones de los fósiles y calcularon cómo habrían sido los músculos, que no se conservan en los huesos.
Para completar esa estimación, usaron como referencia la anatomía de lagartos actuales, entre ellos los dragones de Komodo. También probaron distintas posibilidades para la fuerza muscular, la flexibilidad de la cola y la fuerza con la que el agua frena el avance.
La comparación permitió comprobar si las diferencias entre especies se mantenían incluso cuando cambiaban esas condiciones.
Según el comunicado institucional de Rutgers, Platecarpus y Tylosaurus lograron arranques más rápidos para su tamaño que Mosasaurus y Plotosaurus. Las simulaciones no muestran un ataque real, pero permiten comparar cómo respondía cada forma de cola bajo las mismas condiciones de cálculo.
Las colas largas favorecían los ataques de emboscada
La diferencia principal estuvo en la parte flexible de la cola. Platecarpus y Tylosaurus tenían un segmento más largo, que podía curvarse más antes de impulsarse. Esa capacidad facilitaba un arranque más rápido.
El comunicado señala que Platecarpus fue la especie más veloz entre las cuatro analizadas en la simulación.
En el caso de un Tylosaurus de gran tamaño, los cálculos indican que un único golpe de cola podía llevarlo a cerca de 24 kilómetros por hora. La cifra corresponde a un impulso breve y no a una velocidad constante de nado. Esa capacidad habría resultado útil para un depredador que esperaba cerca del fondo o en zonas menos profundas antes de atacar.
El estudio vincula esa ventaja con la posibilidad de que los mosasaurios de cola larga se especializaran en emboscadas, una estrategia que exige reducir al mínimo el tiempo entre la detección de la presa y el ataque. Formoso explicó, según el comunicado, que la longitud y la flexibilidad de la cola influyeron más en las velocidades estimadas que las demás variables del análisis. Por eso, el trabajo sitúa a esa parte del cuerpo en el centro de la explicación sobre cómo se movían estos reptiles marinos.
Mosasaurus y Plotosaurus parecían adaptados a nadar durante más tiempo
Los resultados no indican que los mosasaurios de cola más corta fueran lentos. Mosasaurus y, sobre todo, Plotosaurus mostraron menor aceleración inicial, pero su anatomía parece haber favorecido otro tipo de desplazamiento, con una natación más sostenida en aguas abiertas.
Esa distinción permite asociar la forma de la cola con dos formas de buscar alimento. Por un lado, los animales de cola larga podrían haber aprovechado su impulso para sorprender a una presa a corta distancia. Por otro, los de cola más corta habrían estado en mejores condiciones para perseguirla durante trayectos más prolongados.
Los autores advierten que las velocidades exactas siguen siendo inciertas, porque proceden de simulaciones construidas a partir de restos fósiles. Sin embargo, las diferencias que aparecen de forma consistente entre las especies ofrecen una base para analizar cómo convivían grandes depredadores marinos con maneras diferentes de obtener alimento.








