¿UN COE COOPERATIVO?

Sábado, 04 Julio 2020 10:00 Escrito por  Publicado en Opinión

Nota de opinión de Roberto Fermin Bertossi (*): Después de la primera revolución industrial, en la ciudad inglesa de Rochdale, 28 obreros quedaron desocupados. Amenazados de hambre y miseria, se vieron en la necesidad de encontrar una solución. Fue así como un 24 de agosto de 1844 institucionalizaron el “Cooperativismo”.

Con su primera denominación: “Sociedad de los justos pioneros de Rochdale”, estos desocupados lograron ir encauzando ideales cooperativos con buen y satisfactorio sentido práctico.
Lamentablemente hoy el COVID-19´, provocará un número infinitamente mayor de desocupados, de hambrunas y miseria.

Desde la emboscada del COVID-19´, la humanidad toda vive una inédita sensación tan difícil, complicada, inesperada y desconocida, simultáneamente nos estamos dando cuenta de que todas las personas que están haciendo trabajos mal pagados o mal considerados, son al fin y al cabo los que admirable y magnánimamente están logrando que -más o menos- todo funcione en este momento. ¿Cómo puede ser eso?, ¡Qué escándalo, es del todo injusto y ojalá cambie!

Ante semejantes barbaridades y despropósitos democráticos (que hoy mismo pueden llegar,, institucionalmente,, al eufemismo judicial con pretensiones exculpatorias, de reconfigurar y retipifcar, corrupta y estúpidamente, una tremenda y flagrante violación masiva de los hijos del poder, determinando al respecto un fiscal de la republica que solamente se trató de desahogo sexual) reflejados en tremendas corrupciones, desigualdades y privilegios, definitivamente, como sostiene el maestro español y valenciano, Antonio Colomer Viadel, “todos los saberes, bienes, servicios y enseñanzas deberían estar traspasados por el valor de la solidaridad y sus aplicaciones cooperativas.

La conciencia de la ciudadanía como virtud cívica debe motivar nuestras responsabilidades y deberes tanto personales, como profesionales y comunitarios. Esta, y no otra, es la mejor garantía de la consagración de los derechos, como emanación natural del entrecruzamiento de los deberes de todos. Ese es el horizonte de una civilización de sujetos éticos”

Casualmente, poco tiempo atrás, lúcidamente nos advertía el enorme filósofo español,, Carlos Díaz,, en el prestigioso periódico digital español La Hora de Mañana, “Poco le importa a mi vecino el coronavirus de su corazón infectado por los excesivos miasmas del ego y del mí..."… A propósito, ¿por qué nuestro desprecio étnico, de género, de los excombatientes, de migrantes e inmigrantes, de los habitantes en la calle y más de menos?

Por eso mismo, no somos tan ingenuos para pensar que va a desaparecer, de repente, el egoísmo, la codicia, el engaño, la violencia y ese individualismo que quiere imponerse pisoteando a los demás. De lo que se trata es de que tales actitudes y disvalores, poco a poco, queden arrinconadas con un infranqueable reproche moral y social, y de que crezca el equilibrio entre libertad y cooperación, entre bien personal y bien común, porque ¡no se trata de llegar sólo y primero, sino ¡juntos y a tiempo!  

Desde nuestra perspectiva, afrontar tan lacerantes e imprevistas consecuencias víricas “cooperativizando” sociedades civiles, migraciones e inmigraciones ´pos coronavirus´, debiera empezar modestamente con objetivos de primera necesidad física común.

Al menos así aconteció un 21 de diciembre de 1844 cuando aquéllos pioneros del cooperativismo iniciaron su actividad, dado que solamente se propusieron la autoprovisión de harina, de avena, de azúcar, de manteca, té,  velas y poco más.

Hoy con la quiebra o cierre de pymes, de comercios, monotributistas y cuentapropistas,  las bajas laborales resultarán incalculables, al menos en la gran mayoría de los sectores tradicionales de la producción urbana y del consumo, en grandes espacios o paseos de compras, en los transportes, en los viajes y el turismo, en los cafés, casas o restaurantes de comidas;  en cines, teatros, espectáculos, circos y movidas recreativas como también, en aquellos relacionados con eventos deportivos masivos, casas de estética y belleza,  etcéteras.

De tal manera, la tradicional concurrencia a los mercados tradicionales, más que probablemente ha de mutar significativamente a puntos de encuentro cooperativos de libre acceso con precios al costo o sensiblemente inferiores a los del libre mercado, singularmente cuando los precios en este último son caros y, simultáneamente, infinidad de usuarios y consumidores al perder su trabajo, quedarán sin los ingresos que le aseguraban su capacidad adquisitiva anterior.

Entonces y en razón de un nuevo estado de cosas con nuevas posiciones y reposicionamientos,  proponemos un “hospital de campaña cooperativo”  y micro espacios solidarios puestos en red  (vg., en barrios, pueblos, ciudades, regiones, etc.),  con el propósito de que aquellas personas directa e indirectamente afectadas por el coronavirus y su entorno familiar, puedan ir obteniendo prestaciones, bienes y servicios efectivos para satisfacer sus necesidades esenciales a un precio justo.

Ante la posible impresión de que mi propuesta es solamente para los que han sido personalmente afectados por el coronavirus, me apresuro en aclarar, convenientemente, que también está abierta a todos aquellas personas que tengan un espíritu sinceramente cooperativo, estimulado por estas circunstancias pandémicas actuales.

Primariamente, se trata de habilitar el acceso cooperativo a productos alimentarios imprescindibles para la nutrición y la salud humana, a ropa y abrigos como a otros insumos básicos en tanto aptos para su consumo y cuidado personal/familiar; posteriormente podríamos encargarnos de gestionar nuevos trabajos y/o servicios, microcréditos, soluciones habitacionales, etc., en condiciones de costos que tiendan a la gratuidad o, al menos, asegurando un costo mínimo para que no se acentúe la exclusión en aquellas capas sociales de pobreza extrema e indigencia cruel, causadas por tan fatídico coronavirus.  

Consecuentemente, resulta de suma urgencia legislativa vg., abrogar el artículo 109 y activar el artículo 90 de la Ley de Educación Nacional Argentina. Lo primero en cuanto establece discriminatoriamente:  “Los estudios a distancia como alternativa para jóvenes y adultos sólo pueden impartirse a partir de los DIECIOCHO (18) años de edad. Para la modalidad rural y conforme a las decisiones jurisdiccionales, los estudios a distancia podrán ser implementados a partir del Ciclo Orientado del Nivel Secundario”, en tanto lo segundo, por cuanto atónitamente ha ralentizado y procastinado el imperativo legal sobre que: “El Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología promoverá, a través del Consejo Federal de Educación, la incorporación de los principios y valores del cooperativismo y del mutualismo en los procesos de enseñanza-aprendizaje y la capacitación docente correspondiente, en concordancia con los principios y valores establecidos en la Ley Nº 16.583 y sus reglamentaciones.

Asimismo, se promoverá el cooperativismo y el mutualismo escolar”; en ambos casos discriminaciones dogmáticas inaceptables. El fin sería consolidar una economía solidaria civil abierta a una estrategia de afines, incorporando otras formas de organización empresarial, incluso empresas familiares, para alcanzar ese punto de masa crítica, que permitiera una cierta invulnerabilidad del subsector cooperativo frente a competencias desleales, y reivindicara para el mismo instrumentos de apoyo de carácter educativo, agrario, creditico, tributario, tecnológico y de formación, que le dotara de una razonable igualdad en esa competitividad de mercados con los sectores privados y públicos de la economía.

Lograr esa masa crítica compleja de alianzas y apoyo mutuo cooperativo para alcanzar la invulnerabilidad ante entornos hostiles, presupone  programas y  etapas iniciales como vg., las de poder recurrir en espacios públicos al canje e intercambio (trueque) de bienes y servicios, hasta la emisión e introducción de los bonos cooperativos u obligaciones negociables y/o títulos de capitalización (Leyes 23.576/ 23.962).

La sinergia de esta alianza tendría un efecto multiplicador y a su tiempo, enormes satisfacciones traducidas en la reducción de costos y el incremento de beneficios, ya que no son estos últimos los motores movilizadores del sector cooperativo sino la redistribución equitativa entre sus asociados, en el marco de una reciprocidad mutual.

Precisamente, desde este “COE cooperativo”  con sus micro espacios de promoción humana y fomento de ciudadanía puestos en red, ya se podrían impulsar simplificadas  uniones cooperativas entre productores y consumidores, entre  prestadores y usuarios, evitando el sojuzgamiento actual de tantos intermediarios y lucros injustificables.

Ante los despojos, aprendizajes, escenarios futuros y desafíos ´pos coronavirus´, el devenir cooperativo que propugnamos no solo es posible sino imprescindible, al menos en el corto y mediano plazo del tiempo por venir.

(*) Roberto Fermín Bertossi - Experto CoNEAU en Cooperativismo - Investigador  Cijs / UNC

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