ARGENTINA RICA, ARGENTINOS EMPOBRECIDOS

Nota de opinión de Roberto Fermin Bertossi (*) Si bien nadie duda de la riqueza argentina, tanto la visible como la invisible; resulta paradójico comprobar demasiados argentinos empobrecidos hasta la indignidad. Esto último se complejiza cuando la democracia recuperada en el año 1983´ nos aseguraba que con ella sí se comía, sí se educaba y sí se curaba. Eso no pasó.
Pero si podemos observar una población anestesiada, alienada y despojada por desquiciados y corruptos, distraída por un puñado de versátiles espurios comunicadores, sin escrúpulo ni convicción ninguna fuera de su propio y exclusivo beneficio.
Ante la garantía constitucional o cláusula del “Progreso”: «…Proveer lo conducente a la prosperidad del país, al adelanto y bienestar de todas las provincias, y al progreso de la ilustración, dictando planes de instrucción general y universitaria, y promoviendo la industria, la inmigración, la construcción de ferrocarriles y canales navegables… (Artículo 75 incisos 18 y 19 de la Carta Magna); reina y gobierna la usura, la mentira y el enriquecimiento ilícito.
La sacralidad de hechos, de los números y de la misma realidad, son cuestionados y negados con sumo desparpajo; mediante extravagantes comentarios vertidos verborrágicamente vg., la peculiar hermenéutica presidencial ante los últimos datos “oficiales” de pobreza, no crecimiento e incapacidad de consumo y virtual recesión. Digo, pasaron casi tres años; digamos!
Resulta insólito que, según datos oficiales, trepe al 32,3% el índice en la pobreza de la población (De un total de 46 millones de personas, casi 16 son pobres o han caído en la pobreza), en tanto la indigencia alcanzó un lacerante 7,5% para el primer semestre del año en curso.
Se incrementó la desigualdad. Apenas un 10% más rico de la población gana 15 veces más que el 10% más empobrecido, reflejando una fuerte y manifiesta reconcentración de la riqueza.
Exiguos sectores ganadores predominantemente vinculados con el sector externo (vg., financiero, minería, el campo, algunos desarrollos químicos, petroleros y tecnológicos), precariamente dada su paradoja del trabajo (menos puestos de empleo registrado), por ahora alcanzan para apuntalar tan procusta macroeconomía, pero sin impacto vital sostenible y suficiente para una microeconomía que agoniza.
La afectación peor se observa en el segmento púber con un duro 44,5%; confirmando atajo e impostura que alardea de exitosos guarismos “históricos” aun cuando realmente vivenciemos su oxímoron, tan demoledor e indolente para la microeconomía del metro cuadrado personal, del monedero familiar, de los comercios e industrias locales, de la indignidad del trabajo (por primera vez el informal superó al formal) y del día a día de mucho argentino que ya no puede más.
Abstractos principios de justicia social o su negación actual, hacen a esa desigualdad obstáculo insalvable para el desarrollo humano.
El papa Leo XIV fue claro, expreso, tajante y contundente: “O la lógica del compartir o la lógica de la acumulación», precisamente en la celebración de la fiesta religiosa del Corpus Christi en la Plaza de Cibeles en Madrid, este junio ppdo.
Sin dudas, la reticencia y procrastinación de la inversión social en salud, discapacidad, alimentación, medicamentos, educación, docencia e infraestructura -sin mencionar esenciales servicios públicos con tarifas injustas e irrazonables-; identifican por cual opción papal se inclinó este gobierno nacional que gana en desconfianza y riesgo país.
Asimismo, visualizando una contienda electoral estimativamente adversa, apocalípticos funcionarios de primerísima línea insisten en envalentonar verdugos fantasmas de pasado inmediato, cuando, finalmente, lo verdaderamente decisivo sobre la misma no es que un otro triunfe, sino en que uno mismo insista en su propia derrota pero autoinfligida.
Por último, tanta injusticia e inequidad y hasta obsesiva fijación con los más débiles, frágiles y vulnerables, resultan atavío desaconsejable o traje inapropiado para recibir al sumo pontífice en noviembre próximo.
(*) Roberto Fermín Bertossi – Premio Adepa-Faca, 1990´








