EL MALESTAR ECONÓMICO Y POLÍTICO DE EUROPA IMPULSA UNA OLA DE VIOLENTAS PROTESTAS

Desde las acampadas por la vivienda en España y Portugal hasta las protestas estudiantiles en Francia (arde el ayuntamiento de Limoges) , las movilizaciones contra la corrupción en Albania y la preocupante inmigración musulmana, miles de jóvenes denuncian con violencia el encarecimiento de la vida y la falta de oportunidades.-
La ola de protestas masivas recorre Europa desde el último mes. El denominador común, más allá de la diversidad de reivindicaciones, son sus protagonistas: la generación Z. Descontentos con el encarecimiento de la vida, las dificultades para acceder a una vivienda y la situación política, miles de jóvenes han salido a las calles, desde España y Portugal hasta Francia, Italia o Albania.
En Francia, la chispa que ha prendido las manifestaciones ha sido la precariedad en la educación pública y la falta de recursos en los institutos, algo contra lo que los estudiantes llevan semanas protestando. Este sábado, la rabia estudiantil coincidió con el regreso de los ‘chalecos amarillos’, el colectivo que protagonizó las protestas y los disturbios de 2018. Al final de la jornada, las calles de las principales ciudades francesas ofrecieron una imagen de contrastes entre las movilizaciones pacíficas y las reivindicaciones más combativas, que han dejado centenares de detenidos.
Las protestas por el derecho a la vivienda en España se han convertido en manifestaciones masivas y acampadas en diferentes ciudades. La más multitudinaria es la que ocupa la Puerta del Sol, en Madrid, donde centenares de jóvenes se concentran desde el polémico desahucio de Maricarmen. La indignación por las dificultades para acceder a una vivienda se ha extendido también a Portugal, donde este sábado cientos de jóvenes acamparon en la plaza del Rossio, en Lisboa, para exigir viviendas asequibles y denunciar las políticas del Gobierno conservador de Luís Montenegro.
Los manifestantes portugueses acusan al Ejecutivo de favorecer los intereses de los propietarios frente a las necesidades de los inquilinos. Entre sus principales demandas figuran la limitación de los alquileres turísticos, la retirada de la nueva legislación sobre arrendamientos y la ampliación del parque de vivienda pública.
La protesta comenzó tras una manifestación convocada por la Confederación General de los Trabajadores Portugueses (CGTP) para reclamar mejoras salariales y medidas contra el encarecimiento de la vida. Más allá de la capital lusa, el movimiento también se ha extendido a Oporto, donde, al igual que en las protestas españolas, los jóvenes instalaron tiendas de campaña en la plaza Dom João I, antes de ser desalojados el miércoles en una intervención policial cuya violencia denunciaron los participantes.
Italia también vivió el sábado una jornada de movilizaciones contra el encarecimiento de la vida y los bajos salarios, con manifestaciones en varias de sus principales ciudades y enfrentamientos en Milán, Turín y Bolonia. Al término de las protestas, el secretario general de la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL), Maurizio Landini, anunció una huelga general para el próximo 20 de noviembre, coincidiendo con la huelga estudiantil europea.
Contra el gobierno en Bélgica y Albania
En Bruselas, también cientos de jóvenes se concentraron este sábado por la mañana en una protesta que comenzó de forma pacífica, con consignas antifascistas y lemas contra la policía. Con el paso de las horas, la situación se volvió caótica y los agentes utilizaron cañones de agua y gases lacrimógenos, mientras algunos participantes recurrieron a vallas de obra para protegerse y continuar la marcha. El alcalde de Bruselas, Philippe Close, señaló que ninguna de las concentraciones previstas para el sábado contaba con autorización oficial.
En Albania, las protestas contra el Gobierno socialista de Edi Rama continuaron este sábado por quinto día consecutivo en Tirana, donde miles de personas reclaman la dimisión del primer ministro. La movilización combina el rechazo a la corrupción y al encarecimiento de la vida con las deficiencias del sistema educativo y las elevadas matrículas universitarias.
El movimiento es, a su vez, la continuación de la indignación que inunda las calles desde mayo, cuando se dieron a conocer las negociaciones entre la administración pública y Jared Kushner, el yerno del presidente estadounidense Donald Trump para privatizar la costa albanesa.
Más allá de las particularidades de cada país, las manifestantes comparten una visión pesimista del futuro que les espera, con la desconfianza ante el sistema económico y político como nexo común entre todas ellas.
A ello debe sumarse la indignación que está causando la inmigración ilegal que por las propias leyes existentes impiden reaccionar inmediatamente con la expulsión de tantos desesperados hartos de lo qu vivn en sus países de origen pero donde son incapaces de reaccionar para cambar la suerte de tantos miles de excluídos.-
Lo ocurrido en Ceuta, la inacción del gobierno español que se llena la boca de discursos pero no reacciona y deja actuar ante la desesperación de quienes viven en el enclave y la atenta mirada del resto de la comunidad que ve el agujero en la frontera europea que se llena de gente sin preparación alguna ni respeto por las leyes occidentales, aumenta la indignación general y un futuro impredecible. (ROSL)








