ANÁLISIS DE ADN REVELARON QUE «EL CHAMAN» DE STONEHENGE ERA UNA ORFEBRE MUJER

Los análisis genéticos han derribado dos siglos de interpretaciones erróneas sobre uno de los enterramientos más enigmáticos del paisaje de Stonehenge. Un sorprendente hallazgo en el campo de la arqueogenética ha transformado por completo la comprensión de uno de los enterramientos prehistóricos más significativos de las Islas Británicas.
Las nuevas pruebas de ADN antiguo presentadas en el marco de la exposición We Go Way Back, inaugurada recientemente en el Instituto Francis Crick de Londres, han demostrado que los restos humanos conocidos como el chamán de Upton Lovell, tradicionalmente considerados masculinos desde su descubrimiento en 1803, corresponden en realidad a una mujer que vivió hace aproximadamente 4.000 años, durante la Edad del Bronce temprana, y que ejerció como orfebre y líder religiosa en las tierras altas de la llanura de Salisbury, a menos de diez millas del círculo megalítico de Stonehenge.
El enterramiento original fue exhumado por William Cunnington en un túmulo funerario situado en Upton Lovell, y el propio arqueólogo dedujo, basándose únicamente en el tamaño de los huesos, que por la corpulencia de los restos parecía tratarse de un hombre robusto. Esta apreciación, formulada sin el respaldo de las técnicas analíticas actuales, ha perdurado durante más de doscientos años como la interpretación canónica de aquel hallazgo, hasta que los avances en la secuenciación genética han permitido revisar con precisión científica aquella conclusión decimonónica.
Los restos óseos recuperados, que incluyen fragmentos del cráneo, un diente y un hueso del pie, fueron sometidos a análisis de ADN antiguo en el Laboratorio de Genómica Antigua del Crick, donde los especialistas identificaron la presencia de cromosomas sexuales XX, el patrón genético característico de la presentación femenina en los seres humanos.
Este resultado, que será publicado próximamente en una revista científica especializada, constituye la primera evidencia molecular concluyente sobre la identidad biológica de esta figura clave del pasado prehistórico británico.
El ajuar funerario que acompañaba a la mujer en su última morada resulta extraordinariamente revelador de su estatus y actividad profesional. Entre los objetos depositados junto a ella se contaban un hacha de combate de magnífica factura, elaborada en dolerita procedente de Northumberland y de tonalidad oscura, y un conjunto de herramientas destinadas al trabajo del oro que incluían utensilios para alisar y bruñir el metal precioso.
La presencia de estos instrumentos en su tumba indica que la difunta pertenecía al reducido grupo de individuos que dominaban los secretos de la metalurgia del oro, un conocimiento considerado mágico o sobrenatural en aquella época y que confería a sus poseedores una posición de privilegio dentro de la jerarquía social de la Edad del Bronce. (LBV)








