Descubren en Luxor la tumba del sacerdote purificador del templo de Amón y de otros 10 personajes

Los trabajos de la misión arqueológica egipcia dependiente del Consejo Supremo de Antigüedades en la necrópolis de Dra Abu el-Naga, situada en la orilla occidental de Luxor, han concluido su octava temporada de excavaciones con un balance de hallazgos que abarcan desde la dinastía XVIII hasta el periodo ptolemaico.
Las excavaciones, que se iniciaron en noviembre de 2025, se han centrado en el sector sureste de la tumba número TT255, perteneciente a un personaje llamado Roi, una zona que permanecía cubierta por los escombros generados por expediciones arqueológicas anteriores hace más de ciento cincuenta años.
El secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Hisham El-Leithy, explicó que la eliminación de esos depósitos de tierra y restos ha permitido acceder a estructuras y objetos que habían permanecido ocultos durante décadas. El resultado más inmediato ha sido la recuperación de un conjunto de ataúdes de madera adscritos a diferentes momentos históricos.
En el interior del pozo funerario localizado en el patio de la tumba de Baki, los arqueólogos hallaron diez ataúdes de madera en aceptable estado de conservación, muchos de los cuales conservan aún decoraciones y textos de diversa índole.
Los análisis preliminares indican que cuatro de esos ataúdes pertenecen a la dinastía XVIII. Entre ellos destaca un ejemplar que lleva inscrito el nombre de Merit, identificada con el título de cantora del dios Amón. Otro de los ataúdes, fechado en la época ramésida, porta el nombre de Padi-Amon y menciona su cargo como sacerdote en el templo de Amón.
El resto de los ataúdes recuperados en ese mismo pozo corresponde ya al periodo tardío. Las investigaciones iniciales sugieren que el pozo fue utilizado como un depósito secundario o escondrijo, es decir, que los ataúdes fueron trasladados allí desde sus sepulturas originales con el propósito de protegerlos, probablemente debido al mal estado de conservación que presentaban las momias que contenían.
Además de estos ataúdes, la misión ha sacado a la luz una tumba hasta ahora desconocida, la del sacerdote purificador del templo de Amón llamado Aa-shefi-najt. Este hipogeo se localiza en el ángulo sur del patio de la tumba de Baki. La estructura se compone de un pequeño patio precedido por un pozo de planta rectangular, una entrada decorada con escenas de ofrendas y varios textos funerarios, y una sala rectangular que da paso a la cámara sepulcral.
Las inscripciones de la fachada han permitido documentar también el nombre de su padre, Padi-Amon, quien aparece con el mismo título sacerdotal. Las paredes mencionan asimismo a las dos esposas del difunto, llamadas Isis y Ta-kafet, ambas con el cargo de cantoras en el templo de Amón.
Otro de los descubrimientos relevantes ha sido la aparición de un pirámide de piedra arenisca en el interior de una pequeña tumba catalogada como DP91. La pieza muestra una escena repetida de su propietario en actitud de adoración. La inscripción que lleva grabada da el nombre de Benyi y su título de escriba y noble.
El responsable del Sector de Antigüedades Egipcias del Consejo Supremo de Antigüedades, Mohamed Abdel Badi, señaló que hasta el momento no se ha localizado la tumba original de este personaje, pero el hallazgo del pirámide indica que su sepultura debe encontrarse probablemente en las proximidades de la zona excavada.
Abdel Badi añadió que este tipo de piezas solía coronar pequeñas pirámides de adobe construidas sobre las tumbas, y que la desaparición de la estructura de adobe por efecto de la erosión y el paso del tiempo explicaría por qué solo se ha conservado el remate de piedra.
En los estratos superiores de los escombros acumulados al sur de la tumba de Baki, los arqueólogos han documentado un depósito funerario de animales momificados. Se trata de un conjunto numeroso que incluye más de treinta momias de felinos, tanto salvajes como domésticos, envueltos en lienzos de lino atados con cintas del mismo material. Las dimensiones de los ejemplares varían desde crías pequeñas hasta adultos de gran tamaño.
Los estudios preliminares sitúan este depósito en la época ptolemaica, un periodo en el que la momificación de animales y su ofrenda en contextos religiosos constituía una práctica habitual. Estos animales se presentaban como ofrendas simbólicas con fines protectores durante las celebraciones y los rituales, y una vez concluidas las ceremonias eran reunidos y enterrados en fosas pequeñas.
La diversidad de especies y el número de ejemplares reflejan la riqueza del yacimiento y la variedad de ocupaciones y usos que ha tenido la zona a lo largo de los siglos. (LBV)








