SE BUSCA ROMPER LA IMPUNIDAD. MULTA MULTIILLONARIA AL PESQUERO BAO FENG POR PESCA ILEGAL

Un cobro efectivo sin captura física del buque redefine el alcance del control pesquero argentino bajo nuevas disposiciones de la gestión de Pesca Nación. El cobro de una multa de $1.260 millones, junto con los gastos operativos derivados del procedimiento, terminó de darle forma concreta a un expediente que ya excede el plano administrativo, por primera vez, la infracción de un buque extranjero dentro de la Zona Económica Exclusiva Argentina quedó castigada sin necesidad de interceptar físicamente a la embarcación.
La medida fue informada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía, que encuadró el caso como el resultado de un trabajo coordinado entre la Prefectura Naval Argentina y la Subsecretaría de Recursos Acuáticos y Pesca. En ese cruce entre vigilancia, validación técnica y capacidad sancionatoria, el caso del Bao Feng terminó por consolidarse como un precedente de alto valor institucional.
El episodio había comenzado el 10 de enero, cuando la Autoridad Marítima Nacional detectó, a través del Sistema Guardacostas, al buque pesquero Bao Feng, buque pesquero arrastrero con IMO 1120754, MMSI 577317000, chino y con bandera de conveniencia de Vanuatu, operando dentro de la ZEEA. La traza registrada (derrotero) mostró una permanencia de aproximadamente una hora y media a una velocidad inferior a los 4 nudos, un patrón que, en términos operativos, resultó compatible con maniobras de pesca.
Ese dato inicial, lejos de quedar encerrado en una inferencia técnica, fue sometido a una segunda instancia de corroboración. La validación mediante la plataforma Skylight fortaleció la solidez probatoria del procedimiento y robusteció un esquema de identificación que empieza a modificar el modo en que la Argentina persigue las incursiones ilegales sobre sus recursos vivos.
Allí reside la verdadera dimensión del caso. Ya no se trata solo de observar, sino de transformar información electrónica en sanción exigible. En un escenario donde gran parte de la actividad pesquera extranjera sobre el borde de la milla 200 se mueve entre la opacidad operativa, la velocidad de ejecución y la dificultad material de captura, el expediente del Bao Feng muestra que el control puede desplazarse desde la persecución física hacia la arquitectura de la evidencia.
En el fondo, lo que emerge es un cambio de paradigma. La detección electrónica deja de ser un insumo auxiliar para convertirse en un instrumento central de policía pesquera. Esa transición tiene implicancias directas sobre la protección de los recursos ictícolas nacionales, pero también sobre la credibilidad del sistema de control. Cada expediente que logra avanzar por esta vía redefine la frontera entre presencia estatal y vulnerabilidad jurisdiccional. (Pescare)








