EL DÍA QUE ALFREDO ASTIZ EN BARILOCHE RECIBIÓ UNA PIÑA QUE CELEBRÓ TODO EL PAÍS

El 1° de septiembre se recuerda uno de los episodios más emblemáticos de la historia reciente de Bariloche. En 1995, Alfredo Chaves reconoció sobre la avenida Bustillo al represor Alfredo Astiz, quien había sido su torturador durante la última dictadura. Se bajó de su camioneta, se acercó y le dio una piña que quedó grabada en la memoria de la ciudad.-
Chaves había sido secuestrado y torturado durante la última dictadura cívico-militar. Astiz había sido señalado por su participación en delitos de lesa humanidad. En aquel momento, sin embargo y como suele ser costumbre en este país, caminaba libremente como un honesto y moral ciudadano por las calles de argentina.-
Ocurrió en el kilómetro 1 de la avenida Exequiel Bustillo, frente al denominado Monolito. Chaves volvía hacia la zona de Llao Llao después de haber llevado a su hija a la escuela cuando vio a un hombre vestido con ropa de esquí, acompañado por una mujer.
“Lo vi y más que verlo lo vibré”, recordó años después al reconstruir aquella mañana. En un primer momento no estuvo completamente seguro de que se tratara de Astiz. Por eso siguió su camino durante unos dos kilómetros, pero algo lo hizo regresar. “Pensé: tengo que volver, tengo que hacer algo”, contó.
“Tenía que estar seguro de que era él”. Chaves volvió hasta el lugar y se quedó observándolo desde su camioneta. Quería confirmar que efectivamente se trataba del represor y, además, comprobar si estaba acompañado por otras personas o si llevaba un arma.
“Me quedé de atrás del monolito en la camioneta, lo miré bastante. Quería asegurarme de que no tuviera un arma, ni guardaespaldas”, relató.
Mientras tanto, recordó una conversación que había tenido pocos días antes con sus hijas, que entonces tenían 12 y 15 años. Ellas le habían preguntado qué haría si alguna vez se cruzaba con alguno de los represores que lo habían torturado. “Siempre había pensado que si me cruzaba a uno le pegaba una piña y salía corriendo”, contó Chaves.
Pero aquella mañana dejó de ser una fantasía. “En el momento previo estaba cagado en las patas”, reconoció. Sin embargo, hubo una imagen que terminó de convencerlo. Se imaginó a Astiz subiendo a un colectivo y sentándose junto a una mujer mayor, una de aquellas Madres de Plaza de Mayo que habían sufrido la persecución de la dictadura y a las que el propio Astiz había traicionado y usado para infiltrarse.-
“Pensé: ahora se sube al colectivo y se sienta al lado de una viejita con un pañuelo en la cabeza, una Madre de la Plaza”, recordó. Entonces tomó la decisión. Dejó su camioneta en marcha, se bajó y cruzó la avenida. Chaves se acercó al hombre y le preguntó directamente:
“¿Vos sos Astiz?”. La respuesta fue afirmativa. A partir de allí, el intercambio duró apenas unos segundos. “Vos sos un h… de p… que todavía tiene cara para andar por la calle”, le dijo Chaves antes de golpearlo.
El primer golpe impactó directamente en el rostro del represor. Astiz retrocedió y terminó contra un cerco. Lo que siguió fue una pelea en plena avenida Bustillo, mientras los vehículos que circulaban por la zona comenzaban a detenerse. Astiz tuvo oportunidad de defenderse, Chavez estuvo imposibilitado de hacerlo cuando su torturador lo torturaba.-
“Lo emboqué justo en la trompa”, recordó Chaves años después. El enfrentamiento terminó cuando un amigo de Chaves intervino y lo sacó del lugar. “Dejame, Chaveta”, le habría dicho mientras lo llevaba en su vehículo. Chaves todavía estaba conmocionado por lo que acababa de ocurrir. “Yo estaba muy exaltado y repetía ‘le pegué una piña a Astiz’”, recordó.
Después de la piña
La situación no terminó allí. Chaves sabía que podía sufrir represalias y durante varios días evitó regresar a su casa. Bariloche, además, estaba atravesando un momento particular: pocas semanas después la ciudad sería sede de la Cumbre Iberoamericana de Presidentes y los controles de seguridad se habían intensificado.
En un primer momento, Chaves decidió mantener su identidad en reserva. Con el paso de los días, sin embargo, la noticia comenzó a circular y finalmente se conoció quién había enfrentado al represor.
Astiz cobardemente lo denunció por lesiones y Chaves debió afrontar una causa judicial. Pero nunca aceptó que lo ocurrido hubiera sido producto de una pérdida de control. “Yo estaba muy consciente de lo que hacía”, sostuvo.
Finalmente fue sobreseído. Con los años, Chaves también dejó en claro que no consideraba aquella agresión como un acto de justicia. “No me vanaglorio de lo que hice, porque eso no es justicia. Fue un desahogo”, explicó. (El Cordillerano y propia)
Y uno no puede dejar de imaginar qué ocurrirá por ejemplo y en otro contexto, cuando Milei deje la presidencia, las custodias, etc ¿no?








