DESGASTADO, PIQUIN DEJÓ LA ATUR. ¿SE AGRAVA LA CRÍSIS EN UN TURISMO SIN RUMBO CIERTO?

Diego Piquín le avisó al ministro Carlos Banacloy que a fines de noviembre deja la Agencia de Turismo de Río Negro (ATUR). Lo hizo en plena actividad de Bariloche a la Carta, un exitoso evento que se transformó en el festival gastronómico más importante de la Patagonia. La decisión se tomó a las puertas del fin de semana largo, y a poco de comenzar a definirse la estrategia de la temporada de verano.
Las razones que habría expuesto Piquín fueron el desgaste, la burocracia y un organismo que nunca logró la autonomía prevista en la ley. Así lo reveló a los colegas de Bache3000. La novedad comenzó a circular por la tarde de ayer. Desde el Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo confirmaron a esta agencia la salida del funcionario.
Piquín asumió en agosto de 2025 tras un concurso público cargado de polémica. Incluso, la creación de la ATUR (un ente mixto) nunca logró funcionar de la manera que había sido diseñado. Tras la asunción de Alberto Weretilneck en 2023, se eliminó el Ministerio de Turismo, y se presentó a la Agencia como una estructura moderna, ágil y resolutiva. Pero nada de eso ocurrió.
El CEO tampoco logró encajar en la política. Su actividad generó críticas de los intendentes de la costa (Viedma, San Antonio Oeste y Sierra Grande), y siempre enfrentó cuestionamientos por residir en Buenos Aires.
El funcionario se sintió cobijado mientras Fabián Gatti ocupaba el Ministerio de Gobierno, organismo que absorbió a la Secretaría de Turismo después de haber sido degrada de Ministerio. Pero la llegada de Agustín Ríos desmejoró el vínculo. Y pase a la órbita de la cartera que conduce Carlos Banacloy, terminó de dinamitar la paciencia de Piquín.
Para colmo, Weretilneck designó como secretaria de Turismo a la casi ignota Sol Canalda que nunca congenió con Piquín.
Cerca del CEO, aseguran que la agencia nunca alcanzó el dinamismo con el que fue concebida. La idea original era que funcionara con la autonomía de un ente como el Emprotur, pero en la práctica terminó atrapada en la lógica administrativa del Estado. “Para comprar una botella de agua tienen que armar un expediente”, graficaron.
El resultado, señalaron, fue un sistema paralelo al ministerio que no logró encontrarle la vuelta a su propia autarquía. “No le dieron las herramientas para que funcione como tiene que funcionar y como fue pensada”, concluyeron sobre un proceso que, aseguran, viene de hace tiempo.








