INFARTO, DIEZ DECISIONES QUE PUEDEN SALAR UNA VIDA

Nota de opinión de Jose María Oribe (*) La Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) en el que se desarrollan recomendaciones para reconocer las señales de alarma que pueden estar indicando la ocurrencia de un infarto agudo de miocardio y sobre qué se debe hacer y qué no durante los primeros minutos.
El material también destaca la importancia de promover la creación y/o el fortalecimiento de Redes Provinciales de Atención del Infarto Agudo de Miocardio, que consisten en sistemas organizados para atender al paciente a tiempo y con las herramientas necesarias para mejorar el pronóstico de estos eventos potencialmente mortales.
El infarto agudo de miocardio continúa siendo una de las principales causas de muerte en nuestro país. Especialistas de la Sociedad Argentina de Cardiología explican cómo reconocer las señales de alarma y qué se debe hacer durante los primeros minutos, hasta que llegue la ambulancia.
Además destacan la importancia de crear y fortalecer Redes Provinciales de Atención del Infarto Agudo de Miocardio, que consisten en sistemas organizados para atender al paciente a tiempo y con las herramientas necesarias para mejorar el pronóstico de estos eventos potencialmente mortales
Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte y discapacidad en la Argentina. Según las últimas estadísticas de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, correspondientes a 2024,1 las enfermedades del sistema circulatorio provocaron 105.130 fallecimientos, lo que representa el 30,3% de todas las muertes por causas definidas, es decir, prácticamente 1 de cada 3 decesos.
Esta cifra supera ampliamente a las registradas por enfermedades respiratorias, responsables del 22,3% de las muertes (77.523), y a la sumatoria de todas las enfermedades oncológicas, que en total representan el 18,9% de los fallecimientos (62.572). Dentro de las enfermedades del sistema circulatorio se incluyen las enfermedades hipertensivas, las cardiopatías isquémicas, la insuficiencia cardíaca, las enfermedades cerebrovasculares, la aterosclerosis y otras afecciones vasculares.
Entre las enfermedades cardiovasculares, el Infarto Agudo de Miocardio con Elevación del ST (técnicamente denominado con la sigla IAMCEST), representa una de las formas más graves de infarto y constituye una verdadera emergencia médica. Cada minuto que transcurre sin tratamiento implica una mayor pérdida de músculo cardíaco y aumenta el riesgo de insuficiencia cardíaca, arritmias severas y muerte.
Los especialistas advierten que el problema no radica únicamente en el acceso al tratamiento, sino también en la demora con la que muchas personas solicitan ayuda. Estudios internacionales muestran que una proporción significativa de pacientes espera más de una hora antes de consultar, aun cuando presenta síntomas compatibles con un evento cardíaco agudo.
Un dolor intenso en el pecho, una sensación de opresión que no cede, falta de aire repentina o un malestar general difícil de describir. Cuando se trata de un infarto, el cuerpo suele enviar señales de alerta. Sin embargo, muchas personas dudan, minimizan los síntomas o esperan a que desaparezcan por sí solos. Esa demora puede tener consecuencias irreversibles.
“La población debe comprender que, frente a síntomas compatibles con un infarto, no hay tiempo para especular. Cuanto antes se diagnostique y se trate al paciente, mayores serán las probabilidades de sobrevida y menores las secuelas. En cardiología solemos decir que ‘el tiempo es corazón’, porque cada minuto cuenta”, afirmó el Dr. Sergio Baratta, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC).
Por ese motivo, desde la Sociedad Argentina de Cardiología destacan la importancia de conocer las señales de alarma y actuar rápidamente. Entre los principales síntomas que pueden indicar la presencia de un infarto se encuentran el dolor u opresión en el pecho, el dolor que se irradia hacia los hombros, brazos, cuello, mandíbula o espalda, la falta de aire, la sudoración fría, las náuseas, los mareos, la palidez y una sensación repentina de malestar general. Habitualmente, estos síntomas duran más de 10 o 15 minutos, o reaparecen luego de una mejoría transitoria.
En las mujeres, sin embargo, las manifestaciones pueden ser diferentes. Es frecuente que el cuadro se presente como dolor en la boca del estómago, sensación de acidez, cansancio extremo, ansiedad, náuseas o dificultad para respirar. En los adultos mayores también pueden aparecer formas menos típicas, incluyendo confusión, apatía, pérdida súbita de funcionalidad o disminución del apetito.
Frente a estas señales, los especialistas de la SAC recomiendan tener presentes diez conductas fundamentales.
1) No minimizar los síntomas. Ante un dolor o malestar compatible con un infarto, especialmente si persiste más de unos minutos, debe considerarse una emergencia médica.
2) Llamar inmediatamente al sistema de emergencias. Solicitar ayuda profesional debe ser la prioridad absoluta. Avisar a familiares o amigos puede hacerse en paralelo, pero nunca debe retrasar la consulta.
3) No intentar conducir hasta una guardia ni trasladarse por medios propios. Durante un infarto, pueden producirse arritmias graves o pérdida de conocimiento que ponen en riesgo la vida del paciente y de terceros.
4) Permanecer en reposo. Lo ideal es sentarse o recostarse en una posición cómoda, preferentemente con la cabeza ligeramente elevada, evitando cualquier esfuerzo físico.
5) Mantener la calma dentro de lo posible. La ansiedad aumenta el trabajo del corazón y puede empeorar la situación. Respirar lenta y profundamente puede ayudar a atravesar esos minutos críticos.
6) Facilitar el ingreso de los equipos de emergencia. Si la persona se encuentra sola, conviene destrabar la puerta de entrada, encender las luces exteriores e interiores y despejar accesos para ahorrar tiempo valioso cuando llegue la ambulancia.
7) Mantener el teléfono cerca. En muchos casos, el operador de emergencias permanece en contacto para monitorear la evolución del cuadro y brindar instrucciones adicionales.
8) Informar cualquier empeoramiento de los síntomas mientras se espera la asistencia. Dolor más intenso, dificultad respiratoria o pérdida de fuerza son datos importantes para el equipo médico.
9) No automedicarse. Si bien la aspirina puede formar parte del tratamiento inicial de algunos pacientes con sospecha de infarto, lo ideal es seguir la indicación del personal de salud. Tampoco deben ingerirse analgésicos comunes como ibuprofeno o diclofenac con la intención de aliviar el dolor.
10) No esperar a que el dolor desaparezca. Muchas personas creen que el cuadro puede resolverse espontáneamente y postergan la consulta. Esa conducta aumenta significativamente el riesgo de complicaciones.
“Ante la sospecha de un infarto, hay que activar el sistema de emergencias sin demora. El diagnóstico precoz permite iniciar el tratamiento adecuado y derivar al paciente al Centro más apropiado para su situación”, consignó el Dr. Pablo Stutzbach, expresidente de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC).
El especialista explicó que, una vez que llega el equipo de emergencias, comienza una etapa decisiva: los profesionales realizan una evaluación clínica, registran los signos vitales y efectúan un electrocardiograma, estudio clave para confirmar o descartar rápidamente la presencia de un infarto. A partir de allí, se define la estrategia terapéutica más adecuada y el centro asistencial al que será derivado el paciente.
Sin embargo, la respuesta individual constituye apenas una parte de la solución. Para que el tratamiento llegue a tiempo también es necesario que el sistema de salud esté preparado para responder con rapidez y coordinación.
En ese contexto, la Sociedad Argentina de Cardiología impulsa el proyecto “REDES QUE SALVAN VIDAS” el cual consiste en el asesoramiento para la implementación de Redes Provinciales de Atención del Infarto Agudo de Miocardio (con Elevación del ST -IAMCEST), un modelo organizativo que ya ha demostrado resultados positivos en distintos países y también en experiencias desarrolladas dentro de la Argentina.
La evidencia científica muestra que la mortalidad asociada al infarto se relaciona directamente con el tiempo transcurrido entre el inicio de los síntomas y la restauración del flujo sanguíneo en la arteria obstruida. Por eso, las redes de atención buscan reducir al máximo cada minuto perdido durante el proceso asistencial.
En argentina los datos del registro Argen IAM son preocupantes, la mortalidad no disminuye en los últimos 12 años, sigue rondando en un 8%, y es el doble de la registrada en la comunidad europea y otros países de la región. La causa de esta realidad, es que no se han mejorado los tiempos de reperfusión del infarto, es decir la apertura de la arteria ocluida mediante angioplastia. Además del impacto de mortalidad en la etapa crítica del evento, de los pacientes no reperfundidos el 40% desarrolla insuficiencia cardiaca luego del evento con un impacto en invalidez, mortalidad a mediano plazo y costos que se triplican para el sistema de salud.
Estas redes integran hospitales de diferentes niveles de complejidad, servicios de emergencia, centros con capacidad para realizar angioplastias, sistemas de comunicación y herramientas de telemedicina. Su objetivo es garantizar que cada paciente reciba el tratamiento de reperfusión más adecuado en el menor tiempo posible, independientemente del lugar donde ocurra el evento.
“Cuando existe una red organizada, el paciente deja de depender exclusivamente de la suerte o de la cercanía geográfica a un centro especializado. El sistema sabe qué hacer, quién debe intervenir y hacia dónde derivarlo. Eso se traduce en menos demoras, más acceso a tratamientos efectivos y mejores resultados clínicos”, sostuvo el Dr. Baratta.
Entre los principales beneficios de estas redes, se destacan la reducción de los tiempos diagnósticos, el aumento de la proporción de pacientes que recibe terapias de reperfusión, una mejor coordinación entre hospitales y servicios de emergencia, la utilización de telemedicina para interpretar electrocardiogramas a distancia y una disminución de la mortalidad asociada al infarto.
“El impacto en reducción de mortalidad e invalidez de estas redes es notable, además de un impacto en costos para el sistema de salud considerable, debido a que muchos pacientes cuando no son reperfundidos o son reperfundidos tardíamente tienen más invalidez y mortalidad a largo plazo por insuficiencia cardíaca”, insistió el Dr. Stutzbach.
Además, las redes permiten monitorear indicadores de calidad, identificar oportunidades de mejora y capacitar de manera continua a los equipos de salud involucrados en la atención de las emergencias cardiovasculares.
El modelo contempla centros de referencia con disponibilidad permanente de hemodinamia y angioplastia primaria, establecimientos preparados para realizar fibrinólisis (administración de medicación fibrinolítica para desobstruir la arteria) -cuando la angioplastia inmediata no es posible- y servicios de emergencia equipados para realizar electrocardiogramas y comunicarse en tiempo real con especialistas.
“La organización en red permite que el paciente correcto llegue al lugar correcto en el momento correcto. Esa coordinación es una de las estrategias más efectivas para reducir la mortalidad por infarto y disminuir las secuelas que afectan la calidad de vida de miles de personas cada año”, completó el Dra. Alfonsina Candiello, especialista en Cardiología, Co-Coordinadora del Programa Redes que Salvan Vidas de la SAC.
Los especialistas coinciden en que la lucha contra el infarto requiere una estrategia integral: por un lado, mejorar la educación de la población para que reconozca rápidamente los síntomas y active el proceso llamando a emergencias sin demora. Por otro, fortalecer la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios mediante redes organizadas, protocolos comunes y monitoreo permanente de resultados.
“Sabemos cómo salvar más vidas. Disponemos del conocimiento científico, los profesionales entrenados, la tecnología, los medicamentos modernos y la experiencia acumulada por el personal de salud. El desafío es lograr que cada argentino, independientemente de dónde viva, tenga acceso oportuno a una atención de calidad cuando sufre un infarto. Las redes provinciales de infarto representan una de las herramientas más importantes para alcanzar ese objetivo”, concluyó el Dr. Baratta.
(*) José Mmaría Oribe de y para JM Oribe counicaciones








