Un fósil con 30 millones de años le dice a la ciencia que un cerdo ‘infernal’ trituraba huesos mejor que los leones y las hienas

El ‘cerdo infernal’, como este animal extinto es denominado popularmente, fue documentado por primera vez en 1850. Un estudio de sus dientes ha revelado mucha información sobre sus hábitos alimenticios. Un análisis reciente de dientes fosilizados pertenecientes al extinto Archaeotherium, un mamífero conocido popularmente como cerdo infernal, ha revelado que los ejemplares de mayor tamaño eran capaces de triturar huesos con una eficacia semejante o incluso superior a la de leones y hienas.
Esta interpretación, presentada en la Society of Vertebrate Paleontology, replantea su papel dentro de los ecosistemas norteamericanos de hace aproximadamente 30 millones de años. La investigación, dirigida por especializadas de Vanderbilt University, muestra que estos animales desarrollaron estrategias alimentarias muy diversas.
El examen del microdesgaste dental, obtenido mediante escáner tridimensionales, señala que los ejemplares grandes consumían materiales duros, mientras que los más pequeños preferían tejidos blandos. “No podemos asumir que todos hacían lo mismo”, señaló Brynn Wooten durante la presentación de los resultados.
El Archaeotherium no guarda una relación estrecha con los cerdos modernos pese a su apariencia externa. En realidad, su parentesco se acerca más a hipopótamos y cetáceos, lo que explica ciertas características anatómicas singulares. Contaban con cabezas muy largas, que podían alcanzar un tercio de la longitud total del cuerpo, y un cerebro pequeño en proporción a su tamaño. Según Wooten, “Archaeotherium tiene una relación cerebro-cuerpo similar a la de los reptiles, por lo que eran criaturas muy poco inteligentes”.
La potencia mandibular, reforzada por esa estructura craneal, otorgaba a los individuos más robustos una ventaja mecánica notable. Estudios anteriores ya habían documentado marcas de mordeduras en fósiles de Poebrotherium, antiguos camélidos norteamericanos, lo que dejaba abierta la posibilidad de que estos mamíferos hubieran cazado o consumido carroña de forma habitual en su entorno.
Las muestras examinadas proceden de diferentes estados de Estados Unidos, como Nebraska, Oregón, Colorado y Dakota del Sur. Los datos obtenidos indican que los cerdos infernales pequeños actuaban como consumidores de carne fresca, mientras que los grandes mostraban patrones equivalentes a los de carnívoros actuales especializados en fracturar huesos. La experta Larisa DeSantis afirmó: “Es realmente interesante que los grandes sean capaces de romper huesos”.
Estas diferencias sugieren que varias especies del mismo género ocuparon nichos ecológicos distintos. En algunos casos, los individuos de mayor tamaño pudieron aprovechar cadáveres abandonados por otros depredadores o intimidar a competidores para acceder a presas ya capturadas. En otros, pudieron consumir raíces duras u otros recursos vegetales que requerían una mordida igualmente potente.
La metodología empleada permite determinar la textura de los alimentos ingeridos, pero no identifica qué especies concretas formaban parte de su dieta. Para resolver esa incógnita, el equipo prevé utilizar análisis de isótopos de calcio que ayudarán a precisar la presencia continuada de hueso en su alimentación. Estas pruebas complementarias permitirán definir con mayor exactitud el comportamiento trófico de un animal que dominó los paisajes del Paleógeno norteamericano. (El Cronista)









