EL SORPRESIVO TRIUNFO DE BOLSONARO APLASTÓ LOS ANÁLISIS PREVIOS

Flavio Bolsonaro quemó todos los papeles de análisis político y le ganó a uno de los líderes políticos latinoamericanos más importantes de la historia moderna. Lula, que es probablemente el mejor presidente que tuvo Brasil desde la vuelta de la democracia, no pudo vencer al hijo de un expresidente, sin pergaminos ni trayectoria política seria y con probados vínculos con el crimen organizado.
Pero el clima de época es así y el bolsonarismo se convirtió una fuerza social masiva que supo potenciar el antipetismo y canalizar una coyuntura de odio que favorece su narrativa.
La preocupación en el Partido de los Trabajadores es total. Un dirigente que estuvo en la centralidad de la campaña reconoció a LPO que no esperaban semejante golpe y ya empezaron mirar para adentro y remarcar los errores en una campaña con muchas tensiones internas.
El escenario para Lula es complejo porque no tiene forma de buscar votos de los otros candidatos ni sumar líderes como hizo en 2022 con Simone Tebet que quedó en el tercer puesto y el presidente del PDT, Carlos Lupi, que había salido cuarto con la candidatura de Ciro Gomes.
Hoy lo que se observa en el mapa político son candidatos de derecha como Ronaldo Caidao y Romeu Zema que se sumarán a la campaña de Bolsonaro; un interrogante en el caso de Augusto Cury y un casi seguro posicionamiento neutral del outsider de ultraderecha, Renan Santos.
A esto hay que sumarle al sector de Bolsonaro a gobernadores victoriosos como el paulista Tarcisio Gomes da Freitas o el ex juez Sergio Moro que ganó en primera vuelta para la gobernación de Paraná y es de esperarse el apoyo de algunos líderes del Centrao si es que empiezan a oler sangre del lado de Lula y deciden jugar a Bolsonaro.
La preocupación en el Partido de los Trabajadores es total. Un dirigente que estuvo en la centralidad de la campaña reconoció a LPO que no esperaban semejante golpe y ya empezaron mirar para adentro y remarcar los errores en una campaña con muchas tensiones internas.
Por eso, Lula apuesta a dos ejes centrales para revertir la derrota de la primera vuelta. Por un lado, darle centralidad al vicepresidente Geraldo Alckmin como un gesto de acercamiento a los empresarios y el votantes de centro o indecisos; y por el otro pensar estrategias para conseguir que los más 30 millones de brasileños que no fueron a votar lo hagan en tres semanas. (LPO y propia)








