AGRAVIOS CONSTITUCIONALES, ASCO POLÍTICO Y REPUGNANCIA INSTITUCIONAL

Nota de opinión de Roberto Fermin Bertossi (*): Con la complicidad del PRO y de la Unión Cívica Radical, prepotentemente Manuel Adorni -aún bochornoso jefe de gabinete nacional-, nuevamente se burlará de todos nosotros negándose a cumplimentar el mandato constitucional de presentar periódicamente su informe de gestión.
Fatídica omisión maliciosa que profundiza la desconfianza entre la ciudadanía y los gobernantes, una y otra vez. Todo mandato político electoral ciudadano no se centrifuga ni se agota en cada comicio, ni en anteriores ni en el próximo.
Así las cosas, pensamos que corresponde a la sociedad civil asumir un protagonismo responsable y ejemplar, ejerciendo en plenitud su rol «soberano» indelegable, en pos de reorganizar y decidir mejores versiones de democracia para recién entonces asegurarnos omnipresencia respeto a la voluntad ciudadana e intensidad de la soberanía popular delegada, dejando atrás caricaturas y simulacros corporativos en tanto desobedecen y desacreditan descaradamente a la misma.
Concomitantemente, proponer la reformulación e institucionalización imperativa de “una agenda argentina” para el corto y mediano plazo, a través de funcionamientos republicanos más transparentes y eficaces, propiciatorios de un mejor cumplir y hacer cumplir «autoritativamente», reglas claras y simplificadas propias de un cabal Estado de derecho en cuanto tal, esto es, en la inteligencia y perspectiva de que el mismo está subordinado a una metodología constitucional que estructure y coordine el encolumnamiento legal de ciudadanos, instituciones y el mismo Estado.
Solamente así podremos garantizar la justicia como deberes y derechos fundamentales; impidiendo que el poder se pueda manipular de manera amañada, discrecional y arbitraria. Es que nuestra democracia sólo alcanzará su plenitud cuando los derechos dejen de ser un amague constitucional y las desigualdades, denigrantes e irritantes realidades.
«Corruptio optimi, pessima est» o, ´la corrupción de los (supuestamente) mejores, es la peor de todas´; un sabio adagio latino para explicar y predecir que cuando las personas, instituciones o sistemas con (esperable) mayor autoridad moral y nobleza se desvían de sus principios, causan un daño mucho más profundo que el mal común.
Afrontar entonces la regeneración de las instituciones dotándolas de capital reputacional, de experticia e idoneidad ético-moral y funcional, de transparencia y credibilidad, profesionalizando sus estructuras, logística y funcionamiento; es un imperativo de la hora que todos debieramos exigir y legitimar con nuestro propio poder y tesoro ciudadano personal: “el voto”
No se yerra si se habla de ilegitimidad legislativa de ejercicio, por lo flagrantemente enrevesado, holgazán e inepto de una parte substancial del poder legislativo, el cual nos viene negando largamente un mejor destino personal y comunitario, impidiendo simultáneamente que la mayoría actual de los argentinos podamos reconocernos y reencontrarnos ecuánime y equitativamente en el «Bien común»; en vez de sentir solamente que debemos sacrificarnos para aquellos que nos vienen manipulando, mintiendo y robando a su antojo, descaradamente; desnudando con ello instituciones republicanas deficientes e inermes, con un puñadito de ganadores e infinidad de perdedores.
Sin perjuicio de los remedios constitucionales, legales y judiciales del caso, relegitimar nuestro Congreso Nacional para regenerarlo y replantearlo salutíferamente, nos facilitará y reempoderará para ir recuperando gradual y paulatinamente, un concreto desarrollo económico con perdurable dimensión humana.
Afianzar y consolidar nuestra democracia no excluye la confrontación de ideas pero si el rechazo a certidumbres prefabricadas. Consecuentemente luce imprescindible una renovada reinterpretación popular sin concesiones, capáz y suficiente para poner en entredicho reprochables instancias de poder y de dominación.
Las cuestiones económicas son eminentemente políticas, y por ende no deben seguir siendo admitidas sólo como cuestiones puramente técnicas que deben quedar libradas a una exigua elite de autoreferidos ´´expertos´´
Relegitimizar al poder legislativo requiere avanzar, peticionar y exigir, mancomunada y cívicamentemente, singularmente cuando se legislan cuestiones que pueden condicionar la misma vida humana; lo cual -reitero- sólo se logrará reconstituyendo, relegitimando y reempoderando instituciones democráticas y parlamentarias como nuevas.
(*) Roberto Fermín Bertossi








